jueves, 13 de septiembre de 2018

Los restos de Franco


Artículo original publicado en Espacios Europeos el día 12 de septiembre de 2018

El principal cometido de la política consiste en unir a los ciudadanos a través de propuestas que les ayuden a encarar con éxito su futuro. Si estamos de acuerdo con este aserto, el asunto que produce este comentario es poco menos que desmontar, una a una, las palabras que lo encabezan. La propuesta del presidente Sánchez de exhumar los restos del dictador, el general Franco, ni une a los ciudadanos ni mira hacia el futuro.

Quizás bastaría con la afirmación que acabo de hacer para dar por terminado este artículo. Lo que no sea útil para la integración, lo que no vaya encaminado hacia los objetivos de los españoles y contribuya a hacerlos posibles, simplemente debería estar confinado a las cunetas de la marginalidad política. Pero hay algo más en este debate, y ese algo más está en el contexto en el que se sitúa. Que los restos de Franco reposen en un conjunto arquitectónico perteneciente al patrimonio nacional no es un hecho casual.

Los demócratas que luchamos contra el dictador no conseguimos derrotarlo, y a su muerte, y de acuerdo con sus deseos, sería enterrado allí. Pero si sus partidarios aguantaron hasta entonces, serían en cambio conscientes de que no podrían subsistir por mucho tiempo después de su desaparición. El concurso de estas dos situaciones con el de un Rey, decidido partidario de impulsar la democratización de España (entre otras cosas, por supuesto, para preservar la monarquía como institución), el apoyo de Estados Unidos ante el posible efecto dominó de la revolución portuguesa y el de otros países europeos (en especial Alemania) darían lugar al producto que se vino a llamar «la transición».

Así llegaría la democracia en España. De manera imperfecta para unos y otros. Una democracia concebida desde la desconfianza hacia los ciudadanos, para unos y producto de la desconfianza hacia la misma democracia, para otros. Un sistema que, 40 años después, convendría reformar, regenerar. Pero un sistema que constituye al cabo el punto de partida y la expresión del esfuerzo de los españoles que lo llevaron a cabo.

No conviene minusvalorar a la transición. Todos los demócratas de los países que padecen de regímenes dictatoriales con los que —en mi condición de responsable de internacional de Ciudadanos— he tenido la oportunidad de relacionarme (cubanos, venezolanos, ecuatorianos-guineanos...) la invocan como el procedimiento más adecuado para alcanzar sus conculcadas libertades. A menudo nos ocurre a los españoles que nuestros modelos de éxito (el imperio, la transición...) los denostamos nosotros mismos, como si estuviéramos permanentemente empeñados en combatir nuestros aciertos y repetir nuestros errores,

Detrás de la exhumación de los restos de Franco está el acoso y derribo de esta transición. A ella sigue la pretensión de crear una comisión de investigación parlamentaria sobre la actuación de Don Juan Carlos, toda vez que se consumaba su abdicación. No podría yo amparar, desde luego, actuaciones que no sean correctas por parte de nadie, pero tampoco ennegrecer con una sombra de duda lo que no es más que una especulación. Y, sobre todo, no estoy dispuesto a ensombrecer así el reinado de Don Felipe, que es la pretensión última de algunos de los que jalean la exhumación de los restos del dictador, amparados por una pretendida buena fe ingenua —si así lo fuera— de quienes nos gobiernan.

Parecen estos dispuestos a reescribir una historia que ya está escrita. Se diría que pretenden borrar de golpe los últimos 80 años transcurridos (el franquismo y la democracia) para insertarnos en una Tercera República que sea simple continuidad de la Segunda. Una República —la Segunda— que no llegaría a ser de todos los españoles, sino de una parte de ellos en contra de los otros y que terminaría como terminó.

Es indudable que nuestra democracia debe reformarse, pero no revolucionarse. La base de para estas reformas es la Constitución actualmente vigente y a ello deberíamos dedicarnos. No a dividir otra vez a los españoles entre los buenos y malos, republicanos y facciosos, rojos y azules; mirando siempre al pasado y olvidándonos de que nuestros retos no están en los restos de Franco, sino siempre por delante.

sábado, 1 de septiembre de 2018

Brexit y elecciones europeas. Una agenda crucial para el impulso de la UE.


(Notas para el debate que con el mismo título se celebró en la Universidad Menendez Pelayo en Santander el 30 de agosto)

En la encrucijada que atraviesa la política europea, el Brexit constituye el paradigma de todos los problemas. Y no sólo de los europeos, el Brexit es como un espejo de los conflictos que afectan al nuevo orden mundial; un nuevo orden que es más bien un nuevo desorden, en el que al bilateralismo protagonizado por los dos bloques enfrentados entre sí, desde la Segunda Guerra Mundial, y la política de alianzas que les servían, ha saltado hecho pedazos, parece que sin solución de continuidad. Europa,, situada como consecuencia de la historia y del nuevo escenario político en el área de influencia de ese conflicto, se debate ante este caos entre actuar o dejar hacer; entre la posibilidad de convertirse en un actor político o el suicidio, pues dejar hacer no es otra cosa que desaparecer.

Comenzaremos por el primero de los datos. La nueva situación viene determinada por el populismo. Una respuesta que no sólo hace referencia a la crisis de 2008 (que, recordemos, en España tuvo características endógenas), sino que se refería más bien a la ruptura de un modelo de desarrollo, de estado del bienestar, que tuvo su punto de partida en la economía que surgía de la catástrofe de la Segunda conflagración mundial y de la restauración del modelo político democrático, liberal y representativo, que las dictaduras fascistas y totalitarias de Hitler, Mussolini, —y con duración mayor en el tiempo— de Franco y Salazar habían impuesto en algunas naciones del Viejo Continente. Una economía del welfare state que se veía auspiciada por la socialdemocracia y por la democracia cristiana y que ninguna formación política apenas se atrevía a contradecir.

El populismo pone en peligro nuestras viejas certezas en los planos político, económico y social; y aún más las que se refieren a la idea de sus reformas. Es verdad que el modelo político necesita de regeneración, que la representación debe adquirir perfiles más cercanos a la ciudadanía, que la corrupción debe ser combatida, que el poder judicial debe ser independiente, que los órganos de control no deben ser colonizados por los partidos, que la sociedad civil debe actuar con independencia de la política y que ésta debería autolimitarse... pero todo ello puede —y debe— ser objeto de reforma. Y ni siquiera muchos de estos cambios requieren de una modificación de la Constitución, al menos en el caso de España.

Pero el populismo ya ha decretado una especie de pena de muerte al sistema político liberal representativo. Y lo ha hecho principalmente a través de un artefacto que ellos presentan como democrático y que ya muchos habían advertido largo tiempo antes como dudosamente tal, el recurso al referéndum. Mario Bunge, escritor argentino inspirador de muchas de las teorías de nuestro Podemos, diría que el único error de la revolución bolchevique fue el de no someterla a referéndum.
Inútil será entonces evocar que el instrumento del referéndum fue utilizado por dirigentes dictatoriales como Franco o autoritarios como el general De Gaulle (a quien François Mitterrand había calificado como «el golpe de estado permanente»).

El referéndum tiene todo el sentido en los asuntos menores, por definición poco complejos, en los que la población consultada tiene un criterio preciso, como ocurre con los problemas locales en los que los mismos representantes electos carecen de criterio propio entre elegir, por ejemplo, el derecho al ocio y el derecho al descanso, como es el caso de la hora de cierre de los establecimientos públicos.

Muy otro es el caso de los plebiscitos que no se basan en un consenso político representativo previo, como el referéndum de modificación constitucional en Italia en 2016, que supondría la caída del gobierno Renzi: del referéndum colombiano de ratificación del acuerdo de paz con las FARC, también de 2016, que señalaría el principio del fin del presidente Santos y de cualquier seguidor que se apuntara a su estela o el referéndum constitucional en Turquia de 2017, que consolidaría el régimen autoritario del presidente Erdogan, con el coste de dejar casi a la mitad de la ciudadanía alejada de su nueva Constitución. Es el mismo supuesto del referéndum del Brexit de junio de 2016, que venía precedido por el relativo a una posible separación de Escocía del Reino Unido en 2014. Carentes de un acuerdo, de un consenso previo, entre la representación política, todos estos referendos dividen a las sociedades a las que después se ven sometidos.

En los referendos coinciden una serie de factores. El primero, y más importante, porque de él traen su causa y constituyen la consecuencia de todos los demás, es el fracaso de la política y el triunfo de la mala política. Podríamos recordar que existe una ley de Gresham en el ámbito de las monedas, según la cual la mala desplaza a la buena. También ocurre lo mismo en la política, con facilidad la mala política desplaza a la buena. Cuando falta liderazgo político, cuando existe una ausencia clamorosa de proyecto de país, los populistas (se llamen los nacionalistas o los populistas de nuevo cuño) toman rápidamente el relevo y sus falsas soluciones se imponen como alternativas.

Nacionalismo y populismo son las dos caras de la misma moneda, el nacionalismo es el populismo del siglo XIX y el populismo es el nacionalismo del siglo XXI. Los dos fenómenos procuran centrar en un adversario (la casta o el País pretendidamente opresor) la raíz de todos los problemas, los dos operan sobre modelos excluyentes (la destrucción de éste adversario), los dos rechazan el procedimiento democrático representativo del consenso político y no temen en absoluto dividir las sociedades en las que se sitúan, porque de esa división obtienen su fortaleza.

Pero el populismo ha sabido leer lo que no han comprendido los actores de la vieja política, emergido de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial: que el proyecto, político, económico y social que lo había protagonizado estaba haciendo aguas, que la crisis de 2008 sólo ponía en evidencia -como en el cuento - la desnudez del Rey. Las sociedades ya estaban fracturadas en su interior, el ascensor social se había averiado y los jóvenes ya no podían aspirar a replicar el estatus social y económico de sus padres; las oportunidades no serían ya nunca las mismas entre los habitantes en las pequeñas ciudades y las poblaciones rurales que para los que viven en las grandes metrópolis, y un mundo de referencias y tradiciones se venía abajo con el final de este modelo; la globalización (el escenario principal en el que actúan todos estos conflictos) añadía un nuevo elemento de desconcierto, ya nadie tenía seguridad de mantener sus viejos y estables empleos y resultaría muy complicado a pensadores, economistas y políticos explicar que la solución no estará nunca más en un puesto de trabajo estable sino en la cualificación profesional, del trabajador a lo largo de toda su vida útil.

La vieja política no modificaría su esquema de comportamiento y seguiría apelando a los paradigmas de antaño, a la vez que observaba de reojo a los nacientes movimientos populistas o nacionalistas. Si éstos se hacían fuertes con el recurso a la xenofobia, como respuesta a la inmigración compuesta por personas cuya extracción racial, educativa o religiosa eran distantes de las vigentes en sus países, los viejos partidos se aplicaban en encontrar recetas más suaves que las de los populistas, sin comprender que al final la ciudadanía preferiría el original a la fotocopia.

Mientras tanto, el populismo sigue creciendo. Ya no sólo tenemos que enfrentarnos al Brexit (europeos y británicos, pues tampoco éstos saben qué hacer para convencernos de su peculiar manera de deshacer a su antojo el nudo gordiano de las cuatro libertades que constituyen la UE y el acuerdo de Viernes Santo y la solución al contencioso irlandés). Italia tiene un gobierno populista, Hungria y Polonia se reclaman partidarias de la democracia iliberal y el Partido Popular Europeo acoge entre sus filas a la formación política de Victor Orban. El grupo de Visegrado, compuesto, además de los citados, por Chequia y Eslovaquia, constituye una alianza de freno a cualquier proyecto de avance en la integración europea.
Si el interior de Europa se ve atravesado por todas las corrientes de contestación interna posibles, su exterior no es menos inestable. Los viejos aliados se han vuelto irritables, exigentes e imprevisibles. Nos califican de enemigos. Y los que han sido enemigos antaño, mantienen su enemistad, nos inundan ahora de fake news, realizan atentados criminales en nuestro territorio y practican el retorno a sus viejas aspiraciones territoriales, vulnerando el Derecho Internacional.

Somos un proyecto en retroceso. Desde el punto de vista económico y social. Nuestro modelo político, social y económico se ve confrontado por el de otros proyectos que desprecian los DDHH y el proyecto de bienestar social. El envejecimiento poblacional atenaza nuestra capacidad de ofrecer respuestas a nuestros mayores y perspectivas de futuro a nuestros jóvenes. E, insisto, nuestras clases políticas siguen mirando hacia otro lado. Nuestra soft policy es cada vez más soft y cada vez menos policy. Políticamente somos un proyecto contestado por nosotros mismos y más allá de nuestras fronteras.

Contamos cada vez menos. Sin embargo, nuestro modelo político y social, aún confrontado por nuestras propias carencias, sigue siendo la admiración de muchos. Y hay cientos de miles de personas (millones, incluso) que nos observan e incurren en riesgos extraordinarios para construir su futuro entre nosotros. Lo que para ellos es una oportunidad para nosotros se ha convertido en un problema, tenemos por delante la dificultad de sortear las dificultades provenientes del baby boom de los años sesenta y todavía no hemos definido la emigración que queremos o necesitamos.

Todo eso es cierto, pero también lo es que resultaría imposible la opción populista de refugiarnos otra vez en los viejos estados-nación que existían antes del proyecto de la Unión Europea. Primero, porque éste nuevo nacionalismo -también en expresión de Mitterrand- sería la guerra; segundo, porque si unidos aún tenemos dificultades para resolver nuestros problemas, solos y divididos su solución es simplemente imposible.
Por lo tanto, de este retroceso europeo surge la pregunta fundamental, ¿qué Europa queremos? Una Europa residual, que se conforme con lo ya obtenido, que asuma que los otros grandes espacios políticos y económicos nos van a superar irremisiblemente o estamos dispuestos a construir una Europa integrada en la defensa, la política exterior, la política fiscal, la economía en su conjunto. ¿Apostamos por quedarnos quietos, que es desaparecer en el medio plazo, o en construir esa ever closer Union de nuestro proyecto fundacional?

Un proyecto que no puede dejar atrás a los left behind, que debe contar con la obsesión de crear oportunidades para quienes quieran y puedan atravesar el umbral y actuar en un mundo globalizado y que se preocupe de crear una red social de protección para los que no puedan atravesarlo: la Europa que protege, de la que habla el presidente Macron. Una Europa unida como proyecto hacia el exterior e integrada social y políticamente en su interior.

La UE se confronta esta próxima primavera a dirimir una crisis existencial. En las opciones de prácticamente todos los electores europeos habrá por lo menos tres diferentes papeletas: la populista, la vieja política y la que reclama un nuevo proyecto de integración europea. No pretendo caer en un foro como éste en el sectarismo, tampoco creo tener esa condición. Es seguro que (parafraseando la dedicatoria de Popper en “La sociedad abierta y sus enemigos”, a los socialistas de todos los partidos) habrá liberales y progresistas en muchas listas electorales al Parlamento Europeo. Pero convendrá leer bien sus programas y analizar las trayectorias de sus candidatos. Más que nunca, en la primavera de 2019 nos jugamos el futuro de la Europa que queremos. Y ese futuro de Europa es también, más que nunca, el nuestro.

sábado, 12 de mayo de 2018

La herencia de Díaz-Canel

Artículo original publicado en "The Diplomat en España" (11 de mayo de 2018)

El reciente nombramiento de Miguel Díaz-Canel como presidente de Cuba, avalado por el 98,77 % de los votos de los parlamentarios del partido único que rige los destinos de la isla, desde la década de los años 50 del pasado siglo ha supuesto la publicación de verdaderos mares de tinta y de comentarios en los medios de comunicación.

La especulación por la que el flamante presidente de la revolución castrista pueda emprender un proceso de transición política hacia un sistema mínimamente respetuoso con los derechos humanos y la libertad de expresión para los ciudadanos cubanos, no ha aguantado ni siquiera el primer round del discurso de aceptación de su nombramiento. Díaz-Canel ha prometido permanecer fiel a la «revolución» y ya ha dado por cierto que el sistema no cambiará.

Es difícil en efecto que se produzca el cambio. Aún la estela de los Castro no ha desaparecido. Raúl, el todopoderoso hermano del fallecido comandante, seguirá en la cúspide del partido comunista hasta el año 2020 al menos y, desde esta, continuará dirigiendo los destinos de su país. Díaz-Canel permanecerá por lo tanto monitorizado por su mentor durante ese tiempo como mínimo.
El nuevo dirigente cubano se confronta con una doble herencia: una novedosa y otra bastante menos
Sin embargo, el nuevo presidente se confronta con una doble herencia: una novedosa, la otra bastante menos. Miguel Díaz recibe su nombramiento de uno de los padres de la llamada revolución, pero él no forma parte de ese grupo de la primera hornada, esa banda de guerrilleros que se hizo fuerte en Sierra Maestra después de embarcarse en el Gramma, esa pandilla de guerrilleros barbudos que ha construido una pretendida legitimidad a través décadas de represión y de escasez para su pueblo.

La segunda es la herencia de una situación económica que no ha mejorado en absoluto. Un sistema productivo que sigue funcionando a golpe de cartilla de racionamiento, anclada en alguna potencia que ha ejercido sobre los dirigentes cubanos a modo de un flotador que les ayudaba a no hundirse definitivamente en el mar. Un papel que asumió en su día la Unión Soviética y que ha ejercido más recientemente la ahora ahogada en todos los aspectos Venezuela bolivariana.

Díaz-Canel carece de esa legitimidad de origen revolucionario, por lo que deberá ofrecer alguna salida a un sistema sin futuro. La disyuntiva es simple: recuperar la relación con alguna potencia extranjera o abrir el país a una cierta economía de mercado, todo lo más controlada posible por la jerarquía política-militar del establishment del régimen.

Quienes piensan que los nuevos (viejos y conservadores, al cabo) dirigentes cubanos van a producir una transición que conduzca a una apertura real de los mercados con un juego libre para los diversos actores económicos y que este proceso derive en una efectiva apertura política que desemboque en unas elecciones verdaderamente libres y con garantía de participación de todos los partidos creo sinceramente que se engañan. No es eso lo que está detrás de las ideas de los dirigentes de un régimen creado para durar todo el tiempo que les sea posible.

Derechos y libertades fundamentales en Cuba

Intervención ante la Comisión Cubana de Derechos Humanos. 11 de mayo de 2018


Damas y caballeros,
Queridos amigos,

En primer lugar, me gustaría darles las gracias por extenderme una invitación para dirigirme a ustedes hoy aquí. Es un placer para mí poder exponer humildemente la visión de Ciudadanos y su fuerte compromiso con los derechos y las libertades fundamentales en este foro, rodeado de tantos amigos, en tan buena compañía.

En segundo lugar, me gustaría extender mi solidaridad con Ariel Ruiz Urquiola, el más reciente de los detenidos por el despiadado régimen castrista, así como a todas esas mujeres opositoras que han sufrido recientemente una escalada de agresiones violentas, de las Damas de Blanco especialmente. Desde aquí quiero expresar la condena más firme ante detenciones arbitrarias que no respetan los más básicos principios de la dignidad humana. Porque es precisamente ahí donde se enraízan los derechos humanos: en la dignidad humana. El propio Nelson Mandela, figura clave en la lucha por las libertades y por el respeto al diferente, que es el cimiento de cualquier democracia, lo decía muy claro: “Negar a una persona sus derechos humanos es poner en cuestión su propia humanidad”. El hombre, la mujer, la medida de todas las cosas, que decía Protágoras

Me van a permitir la osadía de hablar, muy brevemente, sobre Cuba. Cuba es un país extraordinario. Un país hermano para España. Nuestros dos países se asomaron al liberalismo político de la mano, juntos. Como bien saben, a principios del S. XIX España estaba sumida en una invasión por parte de las tropas napoleónicas, uno de los momentos más delicados de nuestra historia. Cuando el pueblo español encontró la fuerza y la determinación para levantarse frente al invasor, en 1809, la Suprema Junta Central que se constituyó en Aranjuez, no muy lejos de aquí, decretó que “los vastos y preciosos dominios que España poseía en América no eran propiamente colonias o factorías, sino parte esencial e integrante de la nación española”. Así pues, se invitaba a los territorios españoles del otro lado del Atlántico a enviar a sus representantes para caminar juntos hacia un futuro liberal. Cuba tuvo dos representantes en esas primeras Cortes democráticas españolas. Hoy, más de doscientos años más tarde, cubanos y españoles no formamos parte de la misma nación, pero permanecemos aún unidos en nuestra historia, nuestra cultura y en nuestra propia esencia.

Y ya que hablamos de historia, me permitirán que me refiera a mis propios antepasados, a mi bisabuelo Maura que iniciaba su andadura política que le llevó en 5 ocasiones a la presidencia del Consejo de Ministros, en el Ministerio de Ultramar en los años 1892 a 1894: emprendiendo su proyecto de autonomía para Cuba. Un proyecto que pretendía la unificación de la isla en una sola Diputación, sobre las 5 existentes, unificando también la administración educativa y que en palabras de José Martí hubiera retardado el proceso independebtista.

Y dejando a la historia, hoy en Cuba están establecidas en torno a 244 empresas españolas, siendo España uno de los principales socios comerciales de Cuba, intentando generar oportunidades para los cubanos en medio de un régimen opresivo y de una economía cerrada, en manos de los déspotas del Partido Comunista. La sociedad cubana ha acogido a nuestras empresas con los brazos abiertos, con la esperanza de una apertura económica real que no sólo genere prosperidad en el país, sino que refuerce los importantes lazos entre nuestros pueblos.

SITUACIÓN EN CUBA

Es por esto, que no puedo sentir más que un profundo pesar y rabia como español al ver lo que el régimen castrista ha hecho y continúa haciendo en Cuba. De un país tan rico, los Castro han hecho una nación pobre, apartada de las tendencias mundiales y del desarrollo económico. Y lo han hecho conculcando los derechos y libertades fundamentales de los cubanos. En este contexto, el trabajo del Observatorio Cubano de Derechos Humanos ha sido y sigue siendo crucial, ejerciendo el papel de guardián de los derechos y libertades fundamentales cuando el régimen castrista no permite siquiera el acceso a las organizaciones internacionales de derechos humanos. Es esa valentía la que debe inspirarnos a todos, y la que debe permear en las actuaciones que la comunidad internacional pueda tener respecto al régimen castrista. En este sentido, y precisamente por esa unión tan estrecha entre cubanos y españoles, nos parece lamentable la posición tan tibia del Gobierno de España con un régimen como el de Castro.

Sin embargo, permítanme también la osadía de felicitar al régimen de los Castro por una cosa: su amor por las artes escénicas. El pasado 19 de abril el mundo fue testigo de la que puede ser la mayor función teatral que ha vivido Cuba en los últimos 60 años, cuando Raúl Castro dejó la Presidencia de Cuba en manos de Miguel Díaz-Canel. Sin embargo, Castro permanecerá como Primer Secretario del Partido Comunista y, por tanto, seguirá liderando la iniciativa política del único partido permitido en el país. Es decir, cambiarlo casi todo para que nada cambie, como diría Lampedusa en su célebre Gatopardo.

¿Y qué es lo que Raúl Castro no quiere que cambie? La persecución al diferente, la represión al disidente y el maltrato a quien se atreve a pensar libremente. El régimen castrista ha recrudecido sus actuaciones represivas precisamente para preparar un traspaso formal de poderes entre Castro y Díaz-Canel con la menor contestación social posible. Sólo en marzo, el mes anterior a ese teatro, el régimen ha detenido de forma arbitraria a 340 personas. De ellas, 202 son mujeres, principalmente pertenecientes al colectivo Damas de Blanco. Cuando el mundo avanza en pos de una igualdad real entre hombres y mujeres, en pos del respeto y del fin de la violencia contra las mujeres, el régimen castrista da un paso más hacia atrás y recrudece la represión contra las cubanas.

¿Y qué más quiere mantener Castro? Castro no quiere que cambie el país que su régimen ha sumido en la miseria, con muchos trabajadores falsamente empleados por entidades públicas para maquillar las cifras de desempleo y con dos millones y medio de personas excluidos del mercado laboral pese a estar en situación de buscar y desempeñar un empleo. La miseria y la pobreza se extiende incluso entre aquéllos que sí tienen un empleo, pero cuyo salario real ha disminuido en un 63% desde 1989, llegando al punto de que el salario medio cubano sólo costearía una llamada telefónica de alrededor de una hora y media. Esta situación está expulsando el mayor capital que tiene Cuba: los cubanos. Pese a que las cifras nacionales cubanas no son fiables, según datos del Departamento de Interior de Estados Unidos, en 2016 la cifra de cubanos admitidos en el país fue de más de 56.000 personas. A esto habría que sumar los más de 33.700 cubanos que se han instalado en Ecuador en los últimos años y, por supuesto, los que se han visto obligados a huir a otros países. En España, uno de los principales países de destino del exilio cubano, ya residen casi 50.000 cubanos según los datos oficiales.

Así que en los parámetros que señalaba el pensador liberal Isaiah Berlin, ni la libertad negativa, esto es la ausencia de coerción: ni la positiva, la capacidad de acceder a los servicios básicos a los que proveen las sociedades avanzadas constituyen más que una ilusión, un desideratum para el pueblo cubano.

En definitiva, la decisión de Raúl Castro de nombrar como sucesor a Miguel Díaz-Canel es una apuesta por la continuidad. Por mantener a los cubanos bajo el yugo del autoritarismo. Por seguir conculcando derechos y libertades fundamentales. Por tanto, la respuesta de los demócratas no puede ser otra que continuar luchando por esos derechos y libertades, por el Estado de Derecho y por la democracia. En ello, encontrarán en Ciudadanos un aliado.

CIUDADANOS COMO GARANTE DE DERECHOS Y LIBERTADES

Ciudadanos es un partido liberal y progresista que nació precisamente como respuesta a las violaciones de derechos y libertades. Ciudadanos surgió en un contexto en el que las autoridades de la Generalidad de Cataluña llevaban a cabo políticas sectarias que limitaban la libertad de los ciudadanos en Cataluña de expresarse en castellano, de acceder a una información neutral y plural de calidad o de escolarizar a los niños en su lengua materna. Ante esta situación, Ciudadanos emergió como una alternativa para aquéllos que se sentían abandonados por sus instituciones, por los poderes públicos que en una democracia debían velar precisamente por sus derechos y sus libertades fundamentales.

Esa alternativa comenzó desde cero, con muy pocos recursos, tanto económicos como humanos.

Sin embargo, gracias a esa defensa del respeto a la Constitución Española, a las reglas que los españoles nos dimos entre todos cuando cayó la dictadura, Ciudadanos consiguió representación en el Parlamento autonómico de Cataluña. Poco a poco, con mucho trabajo y con la misma determinación por la defensa del Estado de Derecho, Ciudadanos consiguió crecer hasta lo que es hoy día: la primera fuerza política en la que confían los catalanes para resolver sus problemas, y una alternativa ilusionante de gobierno a nivel nacional para todos los españoles. Y en coherencia con su historia, la defensa de los derechos y libertades individuales ha seguido formando una parte central de la esencia de Ciudadanos como partido y como opción política, tanto en su proyecto de regeneración y reformas para España nacional como en su acción internacional.

Por ello, hemos registrado varias iniciativas parlamentarias para que el Gobierno aproveche la presencia de España en el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas para elevar el caso de las violaciones sistemáticas de derechos y libertades fundamentales por parte del castrismo. Además, Ciudadanos ha pedido la comparecencia del Ministro de Asuntos Exteriores en la Comisión de Asuntos Exteriores para que explique la agenda de derechos humanos que perseguirá España en este órgano, donde elevaremos la necesidad de centrar esfuerzos en violaciones tan flagrantes de derechos y libertades como las que sufren los cubanos.

Por todas las razones que he expresado a lo largo de esta intervención, Ciudadanos ha sido el único partido que ha votado en contra del acuerdo UE - Cuba que abandonaba la posición común, por la cual cualquier avance en las relaciones comerciales quedaba vinculado a un progreso en materia de DDHH.

CONCLUSIÓN: SOCIEDADES Y ECONOMÍAS ABIERTAS

Señoras y señores,

Actualmente, el mundo está viendo una serie de cambios de gran profundidad, que transformarán la forma en la que entendemos nuestras economías y nuestras sociedades. Estos cambios han permitido que, a nivel global, se haya reducido la pobreza. No sólo se reducen las tasas de pobreza, sino también el número total de personas en riesgo de pobreza, incluso teniendo en cuenta que la población mundial sigue creciendo. Además, la renta media global continúa creciendo. Nunca antes el PIB per capita mundial había sido tan alto, incluso una vez que se ajusta al coste de vida. Esto, señoras y señores, se ha producido gracias a un sistema multilateral de comercio, unas sociedades y economías abiertas que han permitido al mundo alcanzar el mayor punto de progreso económico de su historia.

Sin embargo, como bien saben, estos avances no afectan a todos por igual. Ni a todos los países, ni a todos los ciudadanos. Esto ha provocado reacciones populares, muchas veces alentadas por gobernantes oportunistas, que esperan soluciones mágicas y simples a problemas reales y complejos. América Latina no es ajena a esta deriva populista, que ahora amenaza tanto a países europeos como a Estados Unidos. Y precisamente de América Latina, también de Cuba, debemos recibir la enseñanza de que las sociedades y las economías cerradas, de que el repliegue nacional populista no son la respuesta a los problemas e inquietudes de los ciudadanos. Cerrarse al mundo hoy es un acto suicida que condenará no sólo a nuestras sociedades, sino también a las futuras generaciones.

Y, qué duda cabe que, en este contexto global, Cuba no constituye tampoco un factor de estabilidad. No lo ha hecho nunca en las 6 décadas de régimen castrista; no lo está haciendo ahora con su monitorización de la dictadura chavista-madurista bolivariana en Venezuela. Que es sin duda otra de las exigencias que debemos formular a Díaz Canel como prueba del 9 de su voluntad reformista, en el caso de que se preconice, que ni siquiera hasta ahora se ha prometido.

No somos nosotros, un partido político, un país como España, un espacio político o económico como es la Unión Europea, quienes debamos ofrecer una oportunidad a Díaz Canel. Son ustedes mismos, los cubanos, su sociedad civil, su disidencia política quienes deberán constituirse en testigos insobornables del avance, del retroceso o del estancamiento de la situación. Y junto con la sociedad civil cubana, junto con la disidencia, estamos y estaremos los demócratas de todo el mundo.

En definitiva, señoras y señores,

No debemos cejar en nuestros esfuerzos, nosotros desde las instituciones y ustedes desde la sociedad civil, para avanzar en ese aperturismo. Cuba ha tenido ya suficiente. Cuba ya ha dicho basta. Nos encontramos ante un momento histórico en el que las tendencias globales pueden impulsar a los países a la prosperidad a través de la competitividad, la modernización y el intercambio, tanto de ideas como de bienes y servicios. Ciudadanos está trabajando por defender esas sociedades y economías abiertas en España y en Europa, frente a aquéllos que quieren aislar a nuestro país del mundo, bien desde el nacionalismo o bien desde el populismo. Ustedes están haciendo lo mismo por Cuba. Por ello, les reafirmo, en este camino nos encontrarán marchando junto a ustedes.

Gracias.

viernes, 11 de mayo de 2018

Intervención sobre Cuba: Derechos y libertades fundamentales



Intervención ante la Comisión Cubana de DD.HH.
11 de mayo de 2018

Damas y caballeros
Queridos amigos

En primer lugar, me gustaría darles las gracias por extenderme una invitación para dirigirme a ustedes hoy aquí. Es un placer para mí poder exponer humildemente la visión de Ciudadanos y su fuerte compromiso con los derechos y las libertades fundamentales en este foro, rodeado de tantos amigos, en tan buena compañía.

En segundo lugar, me gustaría extender mi solidaridad con Ariel Ruiz Urquiola, el más reciente de los detenidos por el despiadado régimen castrista, así como a todas esas mujeres opositoras que han sufrido recientemente una escalada de agresiones violentas, de las Damas de Blanco especialmente. Desde aquí quiero expresar la condena más firme ante detenciones arbitrarias que no respetan los más básicos principios de la dignidad humana. Porque es precisamente ahí donde se enraízan los derechos humanos: en la dignidad humana. El propio Nelson Mandela, figura clave en la lucha por las libertades y por el respeto al diferente, que es el cimiento de cualquier democracia, lo decía muy claro: «Negar a una persona sus derechos humanos es poner en cuestión su propia humanidad». El hombre, la mujer, la medida de todas las cosas, que decía Protágoras

Me van a permitir la osadía de hablar, muy brevemente, sobre Cuba. Cuba es un país extraordinario. Un país hermano para España. Nuestros dos países se asomaron al liberalismo político de la mano, juntos. Como bien saben, a principios del S. XIX España estaba sumida en una invasión por parte de las tropas napoleónicas, uno de los momentos más delicados de nuestra historia. Cuando el pueblo español encontró la fuerza y la determinación para levantarse frente al invasor, en 1809, la Suprema Junta Central que se constituyó en Aranjuez, no muy lejos de aquí, decretó que «los vastos y preciosos dominios que España poseía en América no eran propiamente colonias o factorías, sino parte esencial e integrante de la nación española». Así pues, se invitaba a los territorios españoles del otro lado del Atlántico a enviar a sus representantes para caminar juntos hacia un futuro liberal. Cuba tuvo dos representantes en esas primeras Cortes democráticas españolas. Hoy, más de doscientos años más tarde, cubanos y españoles no formamos parte de la misma nación, pero permanecemos aún unidos en nuestra historia, nuestra cultura y en nuestra propia esencia.

Y ya que hablamos de historia, me permitirán que me refiera a mis propios antepasados, a mi bisabuelo Maura que iniciaba su andadura política que le llevó en 5 ocasiones a la presidencia del Consejo de Ministros, en el Ministerio de Ultramar en los años 1892 a 1894: emprendiendo su proyecto de autonomía para Cuba. Un proyecto que pretendía la unificación de la isla en una sola Diputación, sobre las 5 existentes, unificando también la administración educativa y que en palabras de José Martí hubiera retardado el proceso independebtista.

Y dejando a la historia, hoy en Cuba están establecidas en torno a 244 empresas españolas, siendo España uno de los principales socios comerciales de Cuba, intentando generar oportunidades para los cubanos en medio de un régimen opresivo y de una economía cerrada, en manos de los déspotas del Partido Comunista. La sociedad cubana ha acogido a nuestras empresas con los brazos abiertos, con la esperanza de una apertura económica real que no sólo genere prosperidad en el país, sino que refuerce los importantes lazos entre nuestros pueblos.

SITUACIÓN EN CUBA

Por esto, no puedo sentir más que un profundo pesar y rabia como español al ver lo que el régimen castrista ha hecho y continúa haciendo en Cuba. De un país tan rico, los Castro han hecho una nación pobre, apartada de las tendencias mundiales y del desarrollo económico. Y lo han hecho conculcando los derechos y libertades fundamentales de los cubanos. En este contexto, el trabajo del Observatorio Cubano de Derechos Humanos ha sido y sigue siendo crucial, ejerciendo el papel de guardián de los derechos y libertades fundamentales cuando el régimen castrista no permite siquiera el acceso a las organizaciones internacionales de derechos humanos. Es esa valentía la que debe inspirarnos a todos, y la que debe permear en las actuaciones que la comunidad internacional pueda tener respecto al régimen castrista. En este sentido, y precisamente por esa unión tan estrecha entre cubanos y españoles, nos parece lamentable la posición tan tibia del Gobierno de España con un régimen como el de Castro.

Sin embargo, permítanme también la osadía de felicitar al régimen de los Castro por una cosa: su amor por las artes escénicas. El pasado 19 de abril el mundo fue testigo de la que puede ser la mayor función teatral que ha vivido Cuba en los últimos 60 años, cuando Raúl Castro dejó la Presidencia de Cuba en manos de Miguel Díaz-Canel. Sin embargo, Castro permanecerá como Primer Secretario del Partido Comunista y, por tanto, seguirá liderando la iniciativa política del único partido permitido en el país. Es decir, cambiarlo casi todo para que nada cambie, como diría Lampedusa en su célebre Gatopardo.

¿Y qué es lo que Raúl Castro no quiere que cambie? La persecución al diferente, la represión al disidente y el maltrato a quien se atreve a pensar libremente. El régimen castrista ha recrudecido sus actuaciones represivas precisamente para preparar un traspaso formal de poderes entre Castro y Díaz-Canel con la menor contestación social posible. Sólo en marzo, el mes anterior a ese teatro, el régimen ha detenido de forma arbitraria a 340 personas. De ellas, 202 son mujeres, principalmente pertenecientes al colectivo Damas de Blanco. Cuando el mundo avanza en pos de una igualdad real entre hombres y mujeres, en pos del respeto y del fin de la violencia contra las mujeres, el régimen castrista da un paso más hacia atrás y recrudece la represión contra las cubanas.

¿Y qué más quiere mantener Castro? Castro no quiere que cambie el país que su régimen ha sumido en la miseria, con muchos trabajadores falsamente empleados por entidades públicas para maquillar las cifras de desempleo y con dos millones y medio de personas excluidos del mercado laboral pese a estar en situación de buscar y desempeñar un empleo. La miseria y la pobreza se extiende incluso entre aquéllos que sí tienen un empleo, pero cuyo salario real ha disminuido en un 63% desde 1989, llegando al punto de que el salario medio cubano sólo costearía una llamada telefónica de alrededor de una hora y media. Esta situación está expulsando el mayor capital que tiene Cuba: los cubanos. Pese a que las cifras nacionales cubanas no son fiables, según datos del Departamento de Interior de Estados Unidos, en 2016 la cifra de cubanos admitidos en el país fue de más de 56.000 personas. A esto habría que sumar los más de 33.700 cubanos que se han instalado en Ecuador en los últimos años y, por supuesto, los que se han visto obligados a huir a otros países. En España, uno de los principales países de destino del exilio cubano, ya residen casi 50.000 cubanos según los datos oficiales.

Así que en los parámetros que señalaba el pensador liberal Isaiah Berlin, ni la libertad negativa, esto es la ausencia de coerción: ni la positiva, la capacidad de acceder a los servicios básicos a los que proveen las sociedades avanzadas constituyen más que una ilusión, un desideratum para el pueblo cubano.

En definitiva, la decisión de Raúl Castro de nombrar como sucesor a Miguel Díaz-Canel es una apuesta por la continuidad. Por mantener a los cubanos bajo el yugo del autoritarismo. Por seguir conculcando derechos y libertades fundamentales. Por tanto, la respuesta de los demócratas no puede ser otra que continuar luchando por esos derechos y libertades, por el Estado de Derecho y por la democracia. En ello, encontrarán en Ciudadanos un aliado.

CIUDADANOS COMO GARANTE DE DERECHOS Y LIBERTADES

Ciudadanos es un partido liberal y progresista que nació precisamente como respuesta a las violaciones de derechos y libertades. Ciudadanos surgió en un contexto en el que las autoridades de la Generalidad de Cataluña llevaban a cabo políticas sectarias que limitaban la libertad de los ciudadanos en Cataluña de expresarse en castellano, de acceder a una información neutral y plural de calidad o de escolarizar a los niños en su lengua materna. Ante esta situación, Ciudadanos emergió como una alternativa para aquéllos que se sentían abandonados por sus instituciones, por los poderes públicos que en una democracia debían velar precisamente por sus derechos y sus libertades fundamentales.

Esa alternativa comenzó desde cero, con muy pocos recursos, tanto económicos como humanos.

Sin embargo, gracias a esa defensa del respeto a la Constitución Española, a las reglas que los españoles nos dimos entre todos cuando cayó la dictadura, Ciudadanos consiguió representación en el Parlamento autonómico de Cataluña. Poco a poco, con mucho trabajo y con la misma determinación por la defensa del Estado de Derecho, Ciudadanos consiguió crecer hasta lo que es hoy día: la primera fuerza política en la que confían los catalanes para resolver sus problemas, y una alternativa ilusionante de gobierno a nivel nacional para todos los españoles. Y en coherencia con su historia, la defensa de los derechos y libertades individuales ha seguido formando una parte central de la esencia de Ciudadanos como partido y como opción política, tanto en su proyecto de regeneración y reformas para España nacional como en su acción internacional.

Por ello, hemos registrado varias iniciativas parlamentarias para que el Gobierno aproveche la presencia de España en el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas para elevar el caso de las violaciones sistemáticas de derechos y libertades fundamentales por parte del castrismo. Además, Ciudadanos ha pedido la comparecencia del Ministro de Asuntos Exteriores en la Comisión de Asuntos Exteriores para que explique la agenda de derechos humanos que perseguirá España en este órgano, donde elevaremos la necesidad de centrar esfuerzos en violaciones tan flagrantes de derechos y libertades como las que sufren los cubanos.

Por todas las razones que he expresado a lo largo de esta intervención, Ciudadanos ha sido el único partido que ha votado en contra del acuerdo UE - Cuba que abandonaba la posición común, por la cual cualquier avance en las relaciones comerciales quedaba vinculado a un progreso en materia de DDHH.

CONCLUSIÓN: SOCIEDADES Y ECONOMÍAS ABIERTAS

Señoras y señores,

Actualmente, el mundo está viendo una serie de cambios de gran profundidad, que transformarán la forma en la que entendemos nuestras economías y nuestras sociedades. Estos cambios han permitido que, a nivel global, se haya reducido la pobreza. No sólo se reducen las tasas de pobreza, sino también el número total de personas en riesgo de pobreza, incluso teniendo en cuenta que la población mundial sigue creciendo. Además, la renta media global continúa creciendo. Nunca antes el PIB per capita mundial había sido tan alto, incluso una vez que se ajusta al coste de vida. Esto, señoras y señores, se ha producido gracias a un sistema multilateral de comercio, unas sociedades y economías abiertas que han permitido al mundo alcanzar el mayor punto de progreso económico de su historia.

Sin embargo, como bien saben, estos avances no afectan a todos por igual. Ni a todos los países, ni a todos los ciudadanos. Esto ha provocado reacciones populares, muchas veces alentadas por gobernantes oportunistas, que esperan soluciones mágicas y simples a problemas reales y complejos. América Latina no es ajena a esta deriva populista, que ahora amenaza tanto a países europeos como a Estados Unidos. Y precisamente de América Latina, también de Cuba, debemos recibir la enseñanza de que las sociedades y las economías cerradas, de que el repliegue nacional populista no son la respuesta a los problemas e inquietudes de los ciudadanos. Cerrarse al mundo hoy es un acto suicida que condenará no sólo a nuestras sociedades, sino también a las futuras generaciones.

Y, qué duda cabe que, en este contexto global, Cuba no constituye tampoco un factor de estabilidad. No lo ha hecho nunca en las 6 décadas de régimen castrista; no lo está haciendo ahora con su monitorización de la dictadura chavista-madurista bolivariana en Venezuela. Que es sin duda otra de las exigencias que debemos formular a Díaz Canel como prueba del 9 de su voluntad reformista, en el caso de que se preconice, que ni siquiera hasta ahora se ha prometido.

No somos nosotros, un partido político, un país como España, un espacio político o económico como es la Unión Europea, quienes debamos ofrecer una oportunidad a Díaz Canel. Son ustedes mismos, los cubanos, su sociedad civil, su disidencia política quienes deberán constituirse en testigos insobornables del avance, del retroceso o del estancamiento de la situación. Y junto con la sociedad civil cubana, junto con la disidencia, estamos y estaremos los demócratas de todo el mundo.

En definitiva, señoras y señores,

No debemos cejar en nuestros esfuerzos, nosotros desde las instituciones y ustedes desde la sociedad civil, para avanzar en ese aperturismo. Cuba ha tenido ya suficiente. Cuba ya ha dicho basta. Nos encontramos ante un momento histórico en el que las tendencias globales pueden impulsar a los países a la prosperidad a través de la competitividad, la modernización y el intercambio, tanto de ideas como de bienes y servicios. Ciudadanos está trabajando por defender esas sociedades y economías abiertas en España y en Europa, frente a aquéllos que quieren aislar a nuestro país del mundo, bien desde el nacionalismo o bien desde el populismo. Ustedes están haciendo lo mismo por Cuba. Por ello, les reafirmo, en este camino nos encontrarán marchando junto a ustedes.

Gracias.

jueves, 10 de mayo de 2018

Presentación del libro de Ignacio Astarloa «El Parlamento moderno»

Universidad Francisco de Vitoria, 16.04.18

El trabajo de Ignacio Astarloa (de lectura imprescindible) constituye una excelente oportunidad para poner a debate el Parlamento.

Un debate sobre un organismo en el que fundamentalmente se debate podría sonar bastante a tautología. Y por definición, la repetición de ideas no supone avance sino estancamiento en los conceptos. Sin embargo, debatir sobre el Parlamento, sus trabajos y funciones, su cercanía o lejanía respecto de los ciudadanos... constituye una tarea de una gran importancia. Y este foro universitario es un excelente escenario para hacerlo.

Empezaré diciendo que si tuviera que definir mi trayectoria política podría sin duda calificarla con el término «parlamentario». He sido parlamentario en el País Vasco (cámara autonómica) desde el año 1990 hasta el 2007 (aunque la primera de las 5 legislaturas y la última no las completé en ese puesto, la primera por razones profesionales, la segunda por contribuir a la fundación del partido UPYD), he sido parlamentario europeo (también en legislatura no concluida) y lo soy actualmente en el Congreso de los Diputados en dos legislaturas (una sin gobierno, la otra con un gobierno cuyo presidente accedió al poder en virtud de un pacto firmado con el grupo del que formo parte).

Como señala en el prólogo de la obra que comentamos Santiago Muñoz Machado, existe una interacción entre Gobierno y Parlamento. El primero —pienso— debería respetar al Parlamento, en tanto que el segundo debería afirmarse como la institución central en la que reside la soberanía del país.

Pero están los partidos políticos, para los cuales muchas veces el Parlamento no constituye sino una caja de resonancia, un escenario en el que proyectar sus posiciones tácticas; cuando no un instrumento para el acceso al poder o un reflejo de su mayoría. Los partidos —lo señala Astarloa— hacen grandes propuestas de reforma cuando se encuentran en la oposición y las olvidan cuando están en el gobierno.

Son los partidos, a través de los grupos parlamentarios, quienes protagonizan la vida parlamentaria; los representantes de los mismos —los diputados— quedan reducidos en los grupos más importantes a simples elementos que votan y aplauden y —cuando hay suerte— actúan siguiendo el guión previamente escrito por la dirección del grupo y del partido y de los expertos en comunicación. Y eso ocurre en el Pleno, pero en las Comisiones son los portavoces quienes ejercen esa misma función en ese ámbito más restringido, que como consecuencia de su menor nivel mediático dispone de un mayor nivel de tolerancia. En tanto que los grupos pequeños van literalmente con la lengua fuera, no pueden preparar los temas y repentizan intervenciones siguiendo el hilo de lo que se haya dicho previamente.

No ocurre así en todas partes. Si en España el centro del Parlamento lo constituyen los grupos, en el Parlamento Europeo son los parlamentarios su eje, de modo que los grupos se convierten en verdaderos escenarios de debate y los funcionarios de los grupos están siempre a la disposición de los diputados, que además cuentan con presupuesto propio para formar equipos y pedir informes.

El autor se refiere a la «huella legislativa» (por la cual se conozca quién estuvo involucrado en la preparación de una disposición normativa). En el PE hay una huella parlamentaria, por la que los dictámenes legislativos o políticos en general llevan la firma del diputado interviniente. Unos dictámenes en los que el ponente asignado (que en ocasiones asume también la paternidad de la iniciativa) convoca a los diputados que le asisten (uno por grupo) y examina generalmente sus enmiendas con ánimo positivo, incorporando las mismas en función de la sintonía con su criterio y de la posibilidad de que sea avalado por buena parte del grupo del diputado enmendante.

El Parlamento Europeo no solo no admite el mandato imperativo, sino que lo excluye de manera taxativa. Unas horas antes de la votación en el Pleno de Estrasburgo, conocida la lista de voto presentada por el Grupo, los eurodiputados deben cumplir con la cortesía de comunicar al Grupo el sentido de su voto cuando este va a ser diferente del propuesto. No hay expulsión ni sanciones, tampoco se relega al disidente ni se le impide su presencia en los dictámenes que le pudieran corresponder.

El Congreso podría avanzar también en su función de control del ejecutivo. Las comparecencias del Gobierno podrían celebrarse con regularidad tasada y no sujetarse a contingencias políticas. Los tiempos de intervención de los comparecientes deberían verse limitados. En las correspondientes a la Comisión de la Unión Europea, por ejemplo, se debería requerir un acuerdo genérico a otorgar al gobierno para su defensa en el Consejo Europeo y una posterior dación de cuentas a la misma (o al Pleno) de lo definitivamente acordado.

En cuanto a la actividad legislativa se refiere, además de las recomendaciones del autor —que comparto— añadiría la introducción del sistema anglosajón de sunset legislation en las mismas leyes, que establece un periodo de aplicación de las leyes que dispongan de contenidos finalistas, de modo que el legislador deberá comprobar la eficacia de las medidas emprendidas para, en su caso, aprobar unas nuevas basadas en la experiencia recibida de las antiguas; una medida que yo mismo defendí en el Parlamento Vasco, sin ningún éxito.

De modo coherente con lo anterior, entiendo que debería recuperarse el sistema del PB0, o Presupuesto Base Cero, por el que, presupuesto a presupuesto, el gobierno debe justificar la necesidad de cada una de las partidas y no establecer -como ocurre las más de las veces- un porcentaje de incremento basado, no en la necesidad del programa, sino en las posibilidades económicas del Presupuesto.

No es imposible que el Parlamento español no pueda mejorar en su dimensión central de la política española. Y el sentido de lo que debería hacer está ya de alguna manera expuesto:


  1. Ser respetado y hacerse respetar
  2. Reducir el protagonismo de los grupos en beneficio del diputado individual.
  3. Ampliación reglamentaria del espacio para la libertad de voto. Prohibición del mandato imperativo.
  4. Mayor dotación de medios para los diputados.


Por supuesto que eso nos llevaría a otro asunto que no corresponde al Parlamento y sus funciones, el de la modificación de la Ley Electoral en cuanto a las listas cerradas y bloqueadas. Pero este no es el objeto del debate.

jueves, 3 de mayo de 2018

Tu amor es un periódico de ayer (y 9) Las elecciones legislativas del 11- M en Colombia

Agotadas las papeletas para las primarias

Concluida la ronda matutina de visitas a los centros electorales el microbús nos deposita en la puerta de un restaurante de comida típica colombiana. Allí se confirman los rumores que habían llegado previamente al habitáculo del medio que nos transporta: había denuncias entre los seguidores de Gustavo Petro acerca de la carencia de papeletas para la consulta interpartidaria -las primarias.

Sentado junto a Alexander Vega, del CNE, observo cómo el runrún va creciendo. Ya no sólo es la gente de Petro la que se queja, sino la de Iván Duque, que además parece ser el principal perjudicado por la carencia de papeletas.

Alexander explica que se habían impreso 3,000.000 de papeletas para un total de 36 millones y medio de electores. Bien es cierto que el voto en la consulta interpartidaria había que rogarlo, pero tampoco era menos cierto que todos los votantes que acudieran a las mesas electorales tenían la opción de votar en esa elección. Los rostros de los responsables del CNE ponían en evidencia su disgusto ante la situación y la incomodidad ante un hecho que perjudicaría de manera notable el éxito de la jornada electoral

Entre pollos preparados con salsas picantes y otros condimentos menos duros para el paladar, las dudas se producen entre los comensales. ¿Sería bueno retrasar hasta las 6 de la tarde el cierre de los colegios? (En Colombia el voto se produce entre las 8 de la mañana y las 4 de la tarde, una población en su día mayoritariamente campesina realiza todas sus tareas con la luz del día). Para eso habría que encontrar el acuerdo de los dos candidatos (Duque y Petro), e incluso parece que éste se recaba sin éxito. Se dice que el principal valedor de la candidatura de Duque, Alvaro Uribe, no admite esa posibilidad. En todo caso, la diferencia entre estos dos contendientes y sus rivales es abrumadora. Finalmente se encuentra una solución que corresponde muy bien al realismo mágico colombiano: se permitirá votar con papeletas fotocopiadas.

Un tanto apesadumbrados también nosotros por el incidente, regresamos al autobús donde podemos observar dos vídeos de un cierto interés: en uno de ellos se observa cómo algunos votantes saltan una valla de seguridad para poder votar; en el otro, se ve a un grupo de personas con billetes en las manos saliendo de la sede de un partido (el presunto responsable de la compraventa de votos alegaría que se trataba de un vídeo anterior a la fecha de las elecciones y que lo que pagaban no eran votos sino viajes a lugares en que se celebraban actos electorales, una explicación poco creíble, desde luego). Luego me informaré desde la televisión que además del partido de la U -ex-uribista-, otro partido responsable detectado en el trasiego económico electorero es el partido liberal.

Queda ya poco tiempo más, de modo que nos acercamos a la zona de seguimiento de los resultados junto a la cual hay unas mesas de votación. Preguntamos por la participación obtenida durante la jornada y aún se nos cae un poco más el alma a los pies: ésta oscilaría entre el 10 y el 20% de votantes.

Descansamos un rato en la sala de prensa hasta que nos dirigimos a la zona desde la que se sigue el recuento de los votos. Pasado un tiempo regresamos al hotel desde el que -en la comodidad de mi habitación- sigo el recuento.

Lunes, 11 de marzo

La cita que tenía en el hotel no se consolida, de modo que acepto la invitación de Ángel Peccis para comer. En el coche que me llevará al restaurante viajo con Fran Pérez Esteban, concejal de IU en Alcalá de Henares y miembro de su secretariado internacional. En el consabido largo viaje se anuda una conversación en la que nos referimos a personas como Txiki Benegas o Eduardo Zaplana. Respecto de este último me cuenta Pérez Esteban que él is o actuaría de anfitrión en una reunión que el entonces presidente de la Comunidad Valenciana mantuvo con las FARC. “Me dijo que él era más atrevido que Aznar” -me cuenta Fran -. Estaba obsesionado por adquirir un perfil internacional y sustituir al que en esos tiempos era Presidente del Gobierno,

El almuerzo nos reúne a los dos con Ángel Peccis y Paco Salazar. Hacemos en él un análisis de las elecciones y las futuras coaliciones que las seguirán. Definidos los candidatos en la derecha y la izquierda -Duque y Petro- quedaría por ver cómo se situará el centro político colombiano.

Vargas Lleras doblaba prácticamente en estas elecciones sus resultados electorales y encaramaba al Centro Radical al puesto de segundo partido del país. Su estructura clientelar (la red de caciques varios que representa) le permitirían seguir contando para el futuro de Colombia.

El bogotano de 60 años Germán Vargas Lleras, ha sido Presidente del Senado y Ministro de de Interior y Justicia y de Vivienda. Fue elegido por el Presidente Santos como su sucesor.

Más en retroceso, el partido liberal y el movimiento de Fajardo podrían eventualmente engrosar esa coalición de centro, o -en especial este último- dirigir sus preferencias hacia Petro. Sergio Fajardo, de 61 años, es un periodista y profesor universitario que fue alcalde de Medellin y gobernador de Antioquía. A pesar de su rivalidad electoral con el ex-alcalde de Bogotá, es considerado como un político de centro, el diario El País lo ha bautizado como “el independiente más independiente de todos”. Algunos analistas políticos han dicho de él que es una opción descontaminada y descontaminante”. Pese a todo, Fajardo está muy detrás en las encuestas y ninguno de mis interlocutores predice su victoria. Ni siquiera lo mencionan

Y en cuanto al episodio -lamentable- del agotamiento de las papeletas en la consulta interpartidaria, avanzamos la posibilidad de que los contrarios a Duque hayan intentado restarle voto popular, a él y también a Petro, con el fin de restarles posibilidades de cara a las presidenciales.

Pero todavía queda partido por recorrer

Aún, en el camino al aeropuerto, tengo la oportunidad de conversar durante unos minutos con Pérez Esteban. Parece claro que en política -como en la vida- la distancia ideológica no conlleva de manera irremediable una frontera en cuanto a la relación personal.

La siguiente ronda electoral en Colombia se producirá el 27 de mayo próximo: la primera vuelta de las presidenciales. Una oportunidad magnífica para seguir de cerca el proceso democrático de un nuevo país que asiste expectante a un proceso en el que el futuro no esté inevitablemente teñido de sombríos augurios.

Una conclusión, siempre provisional

Las primeras elecciones después del acuerdo de paz entre el gobierno del Presidente Santos y las FARC (un acuerdo que fue rechazado por la población en octubre de 2016 por un estrecho margen y una escasa participación admiten diferentes perspectivas. Pese a la percepción que se tiene en España respecto de la importancia política que establece Colombia respecto el acuerdo de paz, éste no supera el 1% de la preocupación ciudadana (o un 2’2%, según una encuesta reciente), muy por detrás de casi todos los demás asuntos.

La primera perspectiva concierne al acuerdo derrotado en el plebiscito, y al que por las razones que fueran y que no constituyen objeto de éste relato, el Gobierno Santos no fue capaz de integrar a la oposición de Alvaro Uribe, o debido a la responsabilidad de éste -seguramente más interesada en obtener réditos electorales a su desacuerdo-, quedaría al final convertido en un pacto de Gobierno y no de Estado, una naturaleza política deficiente que pesará para siempre en contra de la virtualidad del acuerdo y su continuidad. Quedan pendientes en el horizonte las conversaciones que se mantienen entre el Gobierno y los ELN en Quito y la ampliación de los pactos a los sectores de las FARC que no participaron en las negociaciones de La Habana. Es cierto que estas cuestiones no preocupan hoy por hoy en demasía a los colombianos, pero constituyen una verdadera espada de Damocles respecto del horizonte futuro de Colombia. La victoria de la derecha de Iván Duque no supondría una cancelación total de los acuerdos, pero sí pondría en peligro los pactos provenientes de unas ulteriores conversaciones, algunas de ellas ya en marcha.

La segunda se refiere al resultado de las dos consultas interpartidarias. Además de las elecciones propiamente legislativas, la derecha y la izquierda elegían a sus candidatos a Presidente de la República con una tercera papeleta.

En principio, las legislativas no generan gran entusiasmo en un país hastiado de los partidos y de la corrupción. La estructura política colombiana es clientelar (los diputados disponen de presupuesto propio para gastar en sus circunscripciones) y se mantiene la corrupción de la compra de votos. Un sistema que recuerda los viejos tiempos de la Restauración y la II República españolas.

Lo que sí han permitido estas elecciones es calcular el margen de gobernabilidad que tendrá el futuro presidente. «Las elecciones legislativas son para iniciados. Hasta mayo los colombianos no se van a sentar a definir su voto», comenta el historiador y catedrático Daniel García-Peña.

Las elecciones legislativas, sin embargo, produjeron otros resultados. El partido de Uribe-Duque retrocedería levemente sobre las anteriores (un senador) y no obtendría ni de lejos los resultados de su candidato en primarias; el Centro Radical de Vargas Lleras (centrista) sería el verdadero vencedor de las eleciones, doblando su número de escaños senatoriales. El partido Verde del también centrista Fajardo habría mejorado sus resultados y el partido liberal debería en adelante optar entre el centro de Vargas Lleras o la izquierda “chavista” de Petro. La participación ascendió a un importante (en términos colombianos) 50%.

Los 23 candidatos de las FARC obtuvieron el ridículo resultado de 52.532 votos para el Senado y 32.636 al Congreso.

El desarrollo de la jornada electoral, con todo, resultaría tranquilo. A reseñar especialmente, que se acabaran las papeletas de las primarias. El órgano rector (la Registraduría) alegaba que sólo había ocurrido en 26 mesas, pero las redes sociales estuvieron literalmente incendiadas

Y eso nos lleva a la tercera de las perspectivas, la relativa a las primarias. En la derecha –la «Coalición Colombia»–, el pulso lo librarían Martha Lucía Ramírez, del Partido Conservador y apoyada por Pastrana; Iván Duque, del Centro Democrático, apoyado por Álvaro Uribe; y el ultraconservador Alejandro Ordóñez. En la izquierda estaba el ex-alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, por Colombia Humana, y Carlos Caicedo.

La victoria de Duque y Petro resultó muy abultada: El primero alcanzaría el 75% de los votos de quienes participaron en su segmento partidario y Petro obtendría aún mayor ventaja sobre su rival. Petro es reputado por sus adversarios como chavista (el hecho de que en torno a 1,000.000 de venezolanos se hayan refugiado en Colombia y la .incipiente xenofobia que se está produciendo en este país no ayudará a su candidatura presidencial).

Al día siguiente de las elecciones parecía que no todo el partido se había
jugado todavía. Sobre el papel Duque y Petro encabezan las mayores expectativas, con ventaja para el primero. Pero los pretendidos outsiders (el central radical de Vargas Lleras, el centro-centro de Fajardo y el centro-izquierda liberal) podrían eventualmente unir fuerzas y bajo el liderazgo del primero convertirse en una alternativa de centro a la derecha uribista o a la izquierda de Petro, con opciones de disputar la segunda vuelta a cualquiera de los dos.

Según el medio Semana, la estrategia de campaña de Iván Duque le ha salido bien. Entre enero y marzo su intención de voto pasó de 9,2 por ciento a 45,9, un incremento poco común con el que se apoderó del liderato de la carrera. Se lo quitó a Gustavo Petro, a pesar de que éste también incrementó su votación, de 23,5 por ciento a 26,7. La alianza de la derecha, pactada hace más de un año por los expresidentes Alvaro Uribe y Andrés Pastrana, acertó no solamente con la decisión de unir esfuerzos, sino con la de hacerlo a través de una consulta interpartidista, llevada a cabo en forma paralela a las elecciones legislativas.

Duque estaba en niveles bajos de reconocimiento y de apoyo electoral, incluso en enero, cuando ya el Centro Democrático lo había escogido como candidato único. Pero la exposición de la campaña para la consulta el 11-M, el número de votos alcanzado –más de 4 millones– y la rápida elección de Martha Lucía Ramírez, su antigua rival, como compañera de candidatura, le dieron todo lo necesario para lograr remontar en las encuestas hasta un nivel sólo comparable al de Álvaro Uribe en 2002.

En cuanto a Petro también le funcionó la jugada. La competencia con resultado previsible contra el ex-alcalde de Santa Marta Carlos Caicedo, en un escenario sin Germán Vargas Lleras ni Sergio Fajardo ni Humberto de la Calle (que ya habían definido sus candidaturas en sus partidos), resultó útil para consolidar su liderazgo en la izquierda y para arrebatarle a Fajardo la bandera contestataria de la antipolítica. Un Petro cercano al 30% en el nivel nacional era una hipótesis que pocos esperaban hace apenas unos meses.

Duque y Petro, los protagonistas del 11-M, se alejaron del lote de corredores. Se quedaron rezagados Fajardo, líder durante el segundo semestre de 2017; Vargas Lleras, el gran favorito hace un año; y Humberto de la Calle, el prestigioso jefe del equipo negociador del proceso de paz. Los dos primeros, sumados, alcanzan un 73 por ciento de la intención de voto, lo cual –si se mantuvieran estas cifras- equivaldría a adelantar la segunda vuelta al 27 de mayo, cuando se llevará a cabo la primera. Esto, de paso, significa que la posibilidad de que Iván Duque alcance la presidencia es más cercana de lo que parecía.

Cuando los ex-presidentes Uribe y Pastrana anunciaron su coalición, plantearon su objetivo de reconstruir la convergencia de fuerzas que hizo posible la victoria del “No” en el plebiscito por la paz, y de ese modo superar el 50% en la elección presidencial para evitar una segunda vuelta. Era aconsejable poner en marcha un plan para evitar un escenario, en el que todos los anti-uribistas se unieron en torno a Juan Manuel Santos y su proyecto de paz.
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