domingo, 1 de diciembre de 2019

Twin peaks y el abrazo de Iglesias

Artículo publicado originalmente en El Mundo Financiero, el sábado 30 de noviembre de 2019


La conocida serie de David Lynch se inspira en un fenómeno de ocupación (si se prefiere con “k” de okupa) psicológica: el culpable de todos los males viene a ser un exabrupto infernal que se presenta en la forma de un perverso ser diabólico que coloniza a su víctima, por medio de la cual consigue obtener sus más perversos propósitos. Muchas veces la expresión taimada, la sonrisa astuta de Pablo Iglesias me parecía que dibujaba los contornos del ser que se apoderaba del padre de Laura Palmer (y de otros protagonistas de la secuela lyncheana) ante la imposibilidad de generar el daño que pretendía por sus propios medios.

Claro que la imagen no expresa con absoluta propiedad la realidad de nuestra actual historia de España. Porque si Iglesias podría replicar sin duda el monstruo de Lynch, Sánchez no es el para nada el otrora bondadoso padre de Laura Palmer. Obsesionado por la idea del poder (¿qué otra cosa es, por cierto, el PSOE sino una maquinaria para la obtención y la conservación del poder?), el actual presidente en funciones no es sino el instrumento de ese ejército sindical de intereses a que ha sido reducido el partido fundado por el homónimo de su futuro socio. Y no sólo un instrumento al servicio de ese partido, sino más bien ocurre que es él mismo quien hace del partido el instrumento de su obsesión personal por el poder.

Y es que Sánchez, también juega sin distancia crítica alguna el juego del poder químicamente puro, que es el poder por el poder, no el poder para... reformar, mejorar -o empeorar- las cosas; sino el poder definido como una tautología. Iglesias es la idea de compartir el poder hoy para no compartirlo nunca más: es como el poder “light” de los bolcheviques que únicamente pretendían desplazar del poder a los mencheviques para ejercerlo plenamente y sin intermediarios.

El abrazo -provocado- de Iglesias a Sánchez es sólo el gesto de abducción de aquél sobre éste, el aspaviento que prefigura el final de la historia. Del relato de las libertades y del éxito histórico de la transición española. Y el final, a plazo, del partido a ser jibarizado por los de Podemos.

Malas noticias para nuestro pobre país. Suerte que la España de 2019 se encuentra inserta en la UE y que ésta no admite demasiadas bromas en la mala gestión económica, que el abrazo de Iglesias a Sánchez, en unión de sus inevitables socios nos augura.

Aunque la previsible “pasada por la izquierda” que nos deparará el inmediato escenario no nos saldrá gratis, en términos de incremento de impuestos, pérdida de competitividad y de empobrecimiento de nuestra sufrida clase media.

lunes, 18 de noviembre de 2019

Ciudadanos: sugerencias frente a una crisis

Publicado originalmente en vozpopuli el día 16 de noviembre de 2019



De las crisis también se aprende, y no es este un partido tan viejo o envejecido como para olvidar la ilusión que generó en su día

Los resultados de las recientes elecciones han situado a Ciudadanos ante la difícil perspectiva de su reinvención o redefinición. Colocado, a pocos años de su nacimiento, en la encrucijada de los diferentes caminos de la política española, el partido fundado un día por unas gentes notables en Cataluña, y engrosado años más tarde por muchas más del resto de España, debe adoptar una primera decisión: qué partido quiere ser.

Para dar respuesta a esta cuestión no sería malo recuperar la idea original, la posición de la que este partido traía su causa (más allá de su reclamación de la unidad de España, frente al supremacismo en Cataluña, que nadie pone en duda; o del debate entre la ideología socialdemócrata o liberal-progresista, que ya está superado). Me refiero a su condición de partido de centro y, en este espacio político, de partido útil.

Yo soy de los que, en el debate producido en Cs con anterioridad a las elecciones, han creído que la disyuntiva entre aspirar a ser un partido mayoritario o un partido bisagra era simplemente falsa, tramposa incluso: todos los partidos tienen la ambición de gobernar en solitario y con mayoría absoluta, además; pero una vez que se cierran las urnas y se cuentan los votos, lo responsable es conocer en qué lugar le han dejado los electores y cómo actuar en beneficio del país, mucho antes que hacerlo en favor del partido o -aún más- de su líder.

Por eso, un partido útil, situado en el centro político es un partido que activa todas las posibilidades de pacto con las formaciones limítrofes, moderando sus programas, dotando de estabilidad y de horizonte al ámbito político en el que se desenvuelve.

La importancia de los diez diputados

La debilidad de Ciudadanos se encuentra ahora en el ámbito nacional, en el Congreso de los Diputados. Sin embargo, a pesar de la escasa relevancia de este partido en ese nivel, el hecho de disponer de grupo parlamentario y la general dificultad de gestionar las mayorías en un parlamento cada vez más atomizado, convierten a sus 10 diputados en un instrumento que en muchas apretadas votaciones que se desarrollen a lo largo de la legislatura contará con alguna importancia.

Pero la fortaleza más evidente de Cs se encuentra en su gestión autonómica y local. Su presencia en una buena parte de los equipos de Gobierno en los ayuntamientos y CCAA, la proximidad que estas instituciones tienen respecto de las gentes (la sanidad, las políticas sociales, la educación...), supondrá una verdadera palanca para la recuperación de su voto nacional.

Corruptelas y vergüenzas

No en vano, el retroceso comparativo del voto de Ciudadanos entre las elecciones de abril y las de mayo se debió de modo muy principal a la todavía insuficiente implantación local y regional de este partido. Gobernar las instituciones consiste no sólo en administrar adecuadamente en beneficio de la comunidad, también en estar atento a cualquier corruptela -propia o ajena- y actuar en consecuencia: gestionar no consiste en tapar las vergüenzas de otros, por muy socios que éstos sean.

Y, sin perjuicio de a quién elija el partido para dirigirlo, no sería malo que su liderazgo fuera integrador y sumatorio; que recuperara a cuantos tengan algo que decir; que atienda a quienes, desde dentro o desde fuera, quieran aportar su reflexión y su experiencia; que abra la organización a los afiliados y les haga más partícipes de la tarea común...

Ciudadanos puede volver a ser un partido útil, porque una España cada vez más fragmentada políticamente precisa de un centro con idea de Estado, moderador y moderado y que dirija su mirada hacia el futuro. Al pasado sólo hay que atender para evitar cometer los viejos errores.

Fernando Maura es ex-diputado de Ciudadanos.

sábado, 9 de noviembre de 2019

Los Reyes y la disidencia cubana



Artículo publicado originalmente en El Mundo Financiero, el jueves 7 de noviembre de 2019

En el debate a cinco, organizado por la Academia de televisión, se incluía un bloque dedicado a “la política internacional”. Eso despertó mi interés. Después de criticar que, en pleno Siglo XXI, en el que buena parte las gentes estamos interconectadas, que la empresa española se encuentra plenamente integrada en la economía global, que participamos del proyecto de la Unión Europea, que nuestro idioma lo hablamos más de 500 millones de personas en el mundo, que nuestros jóvenes viajan y trabajan y crean sus proyectos familiares más allá de nuestras estrechas fronteras... ¡por fin asistiríamos a una confrontación dialéctica sobre política exterior!
Pero mi esperanza se desvanecía a poco que los actores desarrollaban sus tesis en este ámbito, canibalizando -literalmente- ésta parte con las consideraciones que ya habían expuesto en apartados anteriores y que, sin duda, entendían que no habían quedado remachadas lo suficiente en sus anteriores exposiciones.

Dos fueron los asuntos que escaparon a su particular incendio de los vestigios del debate: Venezuela y Cuba. No es extraño: el vocablo “venecuba”, que expresa la ligazón creada por las dos dictaduras que más pobreza han inflingido a países latinoamericanos (además del sufrimiento añadido por la conculcación de los derechos humanos y las libertades democráticas); define este término también la vinculación de dos regímenes que se retroalimentan mutuamente: petróleo a cambio de inteligencia, materias primas a cambio de dirección política... parafraseando el lema castrista, Patria y Muerte... y la derrota de nuestros pueblos”.

Cuba es el caso de un régimen dictatorial que viene devastando a su población durante más de seis décadas y del que nadie espera su conclusión en un futuro más o menos cercano. Los hermanos Castro y su hombre de paja, Díaz Canel, han tenido el dudoso mérito de mantener su dictadura despótica contra los vientos y mareas de la ofensiva norteamericana, la caída de la Unión Soviética y aún la muerte de Fidel. Su capacidad de resistencia se ha unido con eficacia a la debilidad occidental por imponer sus valores democráticos en un espacio territorial cuya proximidad a los Estados Unidos permitía presagiar un cierto acomodo cubano a la ideología predominante en ese ámbito. No sólo no ha ocurrido eso,, sino que un cierto movimiento tectónico está sacudiendo ahora los elementos que proponían un regreso a la normalidad política en su continente vecino: a la Venezuela de Chávez y Maduro se le unía muy pronto el régimen de Evo Morales en Bolivia, con sospechas fundadas -por cierto- de fraude electoral en sus últimos comicios; México caía en manos del populista de izquierdas, López Obrador; Brasil en las del también populista, aunque de derechas -todos los extremos se juntan-, Bolsonaro; Argentina será gobernada de nuevo -¿y cuándo no?- por el populismo peronista; y las revueltas han asolado a un Ecuador apenas recuperado a la normalidad democrática y a un Chile que había sido finalmente paradigma de la estabilidad económica y la vigencia de los valores democráticos. En conclusión: los herederos de los barbudos de la revolución de 1958 que, cuando no han fallecido son ya octo o nonagenarios, hacen muy ufanos la “uve” de la victoria.

En este difícil contexto envía nuestro gobierno en funciones a los Reyes a Cuba, y nuestros candidatos a la presidencia evocan el asunto en su debate electoral. Toca hablar del exterior, y toca Cuba... porque los Reyes van, justo al día siguiente de las elecciones -el 11- a La Habana.

Y la crítica de los líderes del centro-derecha está bien formulada: ¿a qué enviar a SSMM a una Cuba que es modelo de la negación democrática? No está desde luego mal que así lo adviertan, pero se les ha olvidado el contexto geopolítico que acabo de citar, lo mismo que han carecido de sensibilidad hacia quienes se constituyen en emblema del sufrimiento de su país, que permanecen vigilantes ante las atrocidades arbitrarias de ese régimen. Y es que a la la dictadura, lo recordaba recientemente Felipe González en un acto con venezolanos, se le puede sumar en ocasiones la arbitrariedad, que es un plus a añadir al despotismo. Los cubanos que padecen las consecuencias de ese totalitarismo arbitrario nos exigen un ejercicio coherencia democrática.

Les ha faltado a los líderes del centro-derecha español la empatía de exigir al presidente en funciones que, al menos, y ya que la visita de don Felipe está ya cerrada, nuestro monarca reciba en la embajada española (que debería constituirse en centro de acogida solidaria para los perseguidos políticos cubanos) a representaciones de las Damas de Blanco, del UNPACU, del MCL y a líderes civiles como Yoani Sánchez o Dagoberto Valdés. Seguro que nuestra representación diplomática podrá incorporar a muchos nombres más en una relación extraordinaria -y lamentablemente- amplia.

Pero a la carencia de reflejos de nuestros líderes en el centro-derecha les acompañará -tengo pocas dudas- la más absoluta carencia de voluntad política por parte de un gobierno en funciones por ofrecer a la Corona un gesto que -siempre en representación de España- la acerque a las sensibilidades democráticas de los cubanos.

martes, 5 de noviembre de 2019

La política exterior, la gran ausente en el debate electoral


Publicado originalmente en ABC, el domingo 2 de noviembre de 2019


En una situación política cada vez más marcada por los acontecimientos de Cataluña, no es necesario consultar con la Pitonisa de turno para conocer, con carácter inmediato, que en los próximos debates electorales la política exterior -siquiera la europea- no constituirá objeto de atención por parte de los diferentes candidatos.

Y no será eso debido -o no sólo- al debate catalán. El desinterés de nuestros políticos trae su causa en la falta de importancia que adjudicamos los españoles a los temas internacionales. Acredita esta afirmación el Barómetro del Instituto Elcano (BRIE) de diciembre de 2018; que destaca que casi el 60% de los encuestados tiene poca o ninguna preocupación por la política internacional, situando a ésta a la cola respecto de sus inquietudes.

El hecho, cierto, de que nuestros políticos hayan abdicado de su posición de liderazgo, y se concentren en debatir los asuntos que más inquietan a los ciudadanos, retroalimenta la indiferencia de éstos; y los medios de comunicación -especialmente los televisivos- no hacen demasiado por evitarla. Pero eso no debe suponer que admitamos dicha renuncia sin mayores reparos. Es obvio que España es un pais que está en el mundo, que nuestra economía se encuentra integrada en la economía global y que los problemas que afectan a otros países son -mayores, iguales o menores- similares a los nuestros. La tradicional endogamia española respecto de la política exterior no debería contaminar a la clase política; al contrario, los políticos deberían poner en valor un ámbito que, como ocurre con el exterior, nos afecta de manera permanente.

Habrá, sin embargo, quien se pregunte: ¿nos concierne, verdaderamente la política internacional?
Nos concierne. Veamos algún ejemplo.

Recientemente, un fallo en una subestación de Red Eléctrica provocaba un apagón en la isla de Tenerife que afectaba a más de 460.000 clientes durante más de 7 horas.

La energía condiciona toda nuestra vida cotidiana. Pues bien, España es un país enormemente dependiente en esta materia. Un informe de la Asociación de Empresas de Energías Renovables afirma que, en 2017, nuestro país debía al exterior algo más del 76% de la aportación a su consumo (por cierto, muy por encima de la media de la Unión Europea, que era de un 53,4%).

Como es lógico, esa situación obliga a España a desplegar una política (exterior, por supuesto) que nos garantice el abastecimiento. Con el inicio de la actual década, la dependencia española respecto del gas argelino se situaba en torno a un 45%. Y eso nos conduce a establecer una estrategia de buenas relaciones con ese país, aquejado en la actualidad por fuertes tensiones políticas y sociales.
Argelia mantiene en la región una enemistad desde antiguo con nuestro vecino Reino de Marruecos, país con el que mantenemos una relación privilegiada que se ve oscurecida por el flujo de inmigración irregular y el conflicto político respecto del territorio del Sáhara Occidental, aún pendiente de descolonización y del que España continúa siendo potencia administradora “de iure”. No debemos olvidar tampoco que Argelia alberga en los campamentos de Tindouf a unos 150.000 saharauis que viven en condiciones enormemente precarias.

Me acabo de referir a la inmigración, que es cuestión de creciente ocupación y preocupación para los españoles. Según el censo del INE de 2006, más del 36% de la misma procede de países latinoamericanos, en especial de Venezuela; un país que sufre una crisis política, social y económica que lo ha devastado literalmente. Y es cierto que España, que tiene una escasísima tasa de natalidad, necesita -ademas de una política de apoyo a las familias- de la inmigración. La pregunta es inevitable: ¿qué política deberemos seguir en este ámbito? ¿Deberíamos primar la emigración latinoamericana respecto de la magrebí y la sub-sahariana? Si así fuera ¿cómo? ¿Qué politica deberíamos seguir con Venezuela, un país en el que malviven dos gobiernos?

Las cuestiones a plantear serían inacabables, y no susceptibles de ser contenidas en el espacio de este artículo. Por ejemplo, Diplocat y la gestión de la política exterior, la repercusión para España de la guerra comercial desatada por EEUU en contra de la UE, el Brexit y Gibraltar como paraíso fiscal, nuestro proyecto para Europa, la promoción de nuestro idioma común en el ámbito internacional (pero también en el interior, donde se está viendo marginado en algunas CCAA)...

Me temo, sin embargo, que más allá del regate corto y la descalificación, no habrá lugar para esos asuntos en la campaña electoral.

Fernando Maura es promotor del Foro LVL de política exterior

viernes, 23 de noviembre de 2018

Intervención comparecencia SEUE Brexit. 22.11.18




1.     Interés de los ciudadanos y protección de sus derechos y libertades.

300.000 británicos (oficialmente) en España. 130.000 españoles en RU. El único país de la UE con más británicos en su suelo que nacionales de esos países en suelo británico.

Se ha negociado entre las partes un estatus de residente en RU. ¿En qué consiste este estatus? ¿Cómo se accederá al mismo? He de señalar que la ventanilla única en RU por parte de la diplomacia española ha funcionado razonablemente. ¿Tiene algún plan el gobierno para ayudar a los ciudadanos españoles a cumplir con los trámites correspondientes?

2. En el caso de un NO ACUERDO, le pregunté al ministro en su comparecencia del mes pasado sobre si habían previsto un plan de contingencia nacional, español, más allá de los que las empresas puedan tener. Se lo vuelvo a preguntar al gobierno en esta ocasión. No se trata sólo de pedirlo a los demás, no es lo mismo predicar que dar trigo.

Gibraltar

1.     Una negociación marcada por la opacidad. Lo que significa, además de una falta de transparencia, un error. ¿Quién les va a apoyar cuando llegue el momento de votar el acuerdo? ¿Aprobarán el Tratado con los votos de Podemos? ¿Con partidos tan nacionales como ERC, PdeCat, PNV o incluso Bildu? ¿En una cuestión de Estado como es ésta, no habría sido mejor intentar el apoyo de los partidos nacionales, que algún sentido de Estado tenemos, como es nuestro caso, el de Cs?

2. Una negociación poco ambiciosa además. 15.10.2018. Ministro Borrell. “Gibraltar no será una piedra en el camino del Brexit”. Hemos cambiado falta de ambición hoy por una eventual ambición futura. Y el problema es que en efecto no hemos sido ambiciosos hoy y corremos el riesgo de no conseguir resultados ambiciosos en el futuro. Por cierto -un consejo- no hablen tanto de co-soberanía, porque luego en la negociación, en la mejor de las negociaciones, clarificado el asunto del art. 184, seguro que se la rebajan.

Lo acaba de decir la PM May: “defenderemos la soberanía de Gibraltar. Fui muy clara con Sánchez”.

El peligro de poner el listón demasiado bajo es que no te tomen en serio. Y eso es lo que parece haber ocurrido ¿Qué ha pasado con el famoso artículo 184? ¿Quién lo ha introducido? ¿Cómo es posible que lo sepa la PM May, que lo sepa Picardo y que no lo sepamos nosotros? ¿Hay algún responsable de este gol que se ha metido a España y a los españoles, hay algún responsable en el Ministerio? ¿Usted mismo? ¿El Ministro?

Aún así, Cs apoya la firmeza del Gobierno. Siempre y cuando se trate de una firmeza real, que se mantenga. Hoy aparece en Político un comentario que dice: “No se preocupen, el gobierno de España solo pedirá un gesto”. ¿Es eso lo que están pidiendo ustedes? Si es así no cuenten con nosotros. Si piden que el veto siga funcionando, si exigen que la negociación sobre Gibraltar sea solo entre España y RU, sin tutela de la UE, entonces sí.

Vayamos a los aspectos del acuerdo bilateral de Gibraltar con RU:

-    Fraude fiscal. Se prevé una comisión conjunta. ¿Qué composición tendrá? ¿Ante quién rendirá cuentas? ¿Qué objetivos tendrá? ¿Qué capacidad tendrá para que se cumplan sus acuerdos?

-    Contrabando de tabaco. Han fijado un precio de referencia del 32%. Lo harán efectivo en junio de 2020? Pero lo más importante, ¿creen de verdad que eso disuadirá el contrabando? Me temo que lo que se intentará es introducir más tabaco y así compensar pérdidas.

-    Alcohol y combustibles. Hablan de una fiscalidad justa. Otra vaguedad. Y por cierto, ¿en qué idioma hemos negociado? ¿En inglés o en inglés y en español? ¿Cómo se explica que hayamos admitido la palabra “petrol”, que no incluye los productos derivados del petróleo?

-    Aeropuerto. Parece que podría abrirse la posibilidad de su utilización conjunta. Un error. Una cesión a RU que nadie nos ha sabido justificar. Está construido sobre el istmo y España no lo reconoce. ¿Cómo queda esto?

-    Legislación medioambiental. También remite a una comisión. “Si quieres que se haga algo nombra un responsable. Si quieres que algo se demore eternamente crea una comisión” (Napoleón).

-    Trabajadores españoles, desarrollo de la comarca... Les pedimos un plan estratégico y no presupuestos electoralistas,

Poca ambición hoy, escasos resultados futuros. Han desarrollado ustedes las mismas políticas que el gobierno anterior del PP. Eso le satisface a usted, pero no a nosotros. Continuidad en las políticas, continuidad en los resultados.

Esperamos que mantengan su posición de firmeza y que no se trate solamente de un gesto.

Y ya que piden apoyo al Parlamento yo les pido también información, debate implicación del Parlamento. Lo que hasta ahora no han hecho ustedes.

martes, 30 de octubre de 2018

Venezuela. Proposición no de Ley para instar al Gobierno a condenar la dictadura de Venezuela


Proposición no de Ley por la que se insta al Gobierno a condenar la dictadura de Venezuela, contribuir a la estabilización de la región de América Latina y aprobar un Estatuto de protección temporal para venezolanos en España. (162/000761)

Sesión Plenaria
Sesión nº 154
30/10/2018

jueves, 13 de septiembre de 2018

Los restos de Franco


Artículo original publicado en Espacios Europeos el día 12 de septiembre de 2018

El principal cometido de la política consiste en unir a los ciudadanos a través de propuestas que les ayuden a encarar con éxito su futuro. Si estamos de acuerdo con este aserto, el asunto que produce este comentario es poco menos que desmontar, una a una, las palabras que lo encabezan. La propuesta del presidente Sánchez de exhumar los restos del dictador, el general Franco, ni une a los ciudadanos ni mira hacia el futuro.

Quizás bastaría con la afirmación que acabo de hacer para dar por terminado este artículo. Lo que no sea útil para la integración, lo que no vaya encaminado hacia los objetivos de los españoles y contribuya a hacerlos posibles, simplemente debería estar confinado a las cunetas de la marginalidad política. Pero hay algo más en este debate, y ese algo más está en el contexto en el que se sitúa. Que los restos de Franco reposen en un conjunto arquitectónico perteneciente al patrimonio nacional no es un hecho casual.

Los demócratas que luchamos contra el dictador no conseguimos derrotarlo, y a su muerte, y de acuerdo con sus deseos, sería enterrado allí. Pero si sus partidarios aguantaron hasta entonces, serían en cambio conscientes de que no podrían subsistir por mucho tiempo después de su desaparición. El concurso de estas dos situaciones con el de un Rey, decidido partidario de impulsar la democratización de España (entre otras cosas, por supuesto, para preservar la monarquía como institución), el apoyo de Estados Unidos ante el posible efecto dominó de la revolución portuguesa y el de otros países europeos (en especial Alemania) darían lugar al producto que se vino a llamar «la transición».

Así llegaría la democracia en España. De manera imperfecta para unos y otros. Una democracia concebida desde la desconfianza hacia los ciudadanos, para unos y producto de la desconfianza hacia la misma democracia, para otros. Un sistema que, 40 años después, convendría reformar, regenerar. Pero un sistema que constituye al cabo el punto de partida y la expresión del esfuerzo de los españoles que lo llevaron a cabo.

No conviene minusvalorar a la transición. Todos los demócratas de los países que padecen de regímenes dictatoriales con los que —en mi condición de responsable de internacional de Ciudadanos— he tenido la oportunidad de relacionarme (cubanos, venezolanos, ecuatorianos-guineanos...) la invocan como el procedimiento más adecuado para alcanzar sus conculcadas libertades. A menudo nos ocurre a los españoles que nuestros modelos de éxito (el imperio, la transición...) los denostamos nosotros mismos, como si estuviéramos permanentemente empeñados en combatir nuestros aciertos y repetir nuestros errores,

Detrás de la exhumación de los restos de Franco está el acoso y derribo de esta transición. A ella sigue la pretensión de crear una comisión de investigación parlamentaria sobre la actuación de Don Juan Carlos, toda vez que se consumaba su abdicación. No podría yo amparar, desde luego, actuaciones que no sean correctas por parte de nadie, pero tampoco ennegrecer con una sombra de duda lo que no es más que una especulación. Y, sobre todo, no estoy dispuesto a ensombrecer así el reinado de Don Felipe, que es la pretensión última de algunos de los que jalean la exhumación de los restos del dictador, amparados por una pretendida buena fe ingenua —si así lo fuera— de quienes nos gobiernan.

Parecen estos dispuestos a reescribir una historia que ya está escrita. Se diría que pretenden borrar de golpe los últimos 80 años transcurridos (el franquismo y la democracia) para insertarnos en una Tercera República que sea simple continuidad de la Segunda. Una República —la Segunda— que no llegaría a ser de todos los españoles, sino de una parte de ellos en contra de los otros y que terminaría como terminó.

Es indudable que nuestra democracia debe reformarse, pero no revolucionarse. La base de para estas reformas es la Constitución actualmente vigente y a ello deberíamos dedicarnos. No a dividir otra vez a los españoles entre los buenos y malos, republicanos y facciosos, rojos y azules; mirando siempre al pasado y olvidándonos de que nuestros retos no están en los restos de Franco, sino siempre por delante.
cookie solution