viernes, 16 de febrero de 2018

El futuro de Europa




Intervención en el debate de Floridablanca, el 14 de febrero de 2018

Es oportuno referirse al futuro de Europa cuando sólo hace un par de años —o tres— todos decían que Europa no tenía futuro. La crisis económica de 2007, su pésima gestión por las instituciones europeas, el auge de los populismos hacían pronosticar lo peor. Y lo peor vino con el referéndum del Brexit de junio de 2016, que aún sigue drenando buena parte de nuestras energías.

Por primera vez desde el inicio de la crisis económica y financiera en 2007, los europeos tienen una opinión positiva de la situación actual de la economía europea (48 %, 6 puntos porcentuales más que en el eurobarómetro de la primera mitad de 2017) más alta que la negativa (39 %, 7 puntos porcentuales de más). El apoyo al euro está en su nivel más alto desde 2004 y un 57% de los europeos se muestran optimistas sobre el futuro de la UE. El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, en su último discurso sobre el estado de la Unión, habló de los vientos a favor que de nuevo empujan las velas de la UE.

¿De qué hablamos? ¿De Brexit o de futuro de Europa? ¿Podemos hablar de las dos cosas? ¿O la primera se va a comer a la segunda? A veces es como sentarse a la mesa y devorar el primer plato, de modo que cuando llega el segundo ya no nos queda más apetito. O que pensemos que no nos será posible comer el segundo plato antes de saber cómo hemos terminado el primero.

Pero hay una cuestión previa. Antes de saber qué Europa queremos deberíamos saber qué España va a configurar esa Europa.

Hay dos formas de entender Europa desde cualquiera de los países que la integran. Una sería la de los países que aún siguen debatiendo acerca de lo que son o pretenden ser, diluyendo así sus propias insuficiencias en un proyecto europeo, aún a riesgo de no aportar nada propio a ese proyecto; o integrando en el proyecto de esa Europa sus propias cualidades, aportando a su construcción lo que proviene de ellas mismas, de su posición geográfica, su historia, su cultura...

Algún país puede diluirse en Europa porque está en el centro de Europa, allí viven sus instituciones y porque ha renunciado a su proyecto nacional, y sigue entrampado en un constante flujo y reflujo de negociaciones entre sus regiones, que ya son naciones, en las que el todo —el país, la nación— ha desaparecido para quedar sustituido por las partes. En esa batalla histórica el Estado ha capitulado y la victoria le corresponde a las regiones.

Pero eso no no los podemos permitir otros. Por nuestra situación periférica en Europa, pero sobre todo porque somos capaces de aportar una serie de elementos positivos a la construcción de esa Europa del futuro. Nuestra propia situación geográfica y nuestra vecindad sur con el Magreb (fuente de preocupaciones pero también de oportunidades) y nuestra historia que nos ha permitido a través de nuestro idioma común la conexión con más de 500 millones de personas en el mundo.

Un idioma no es sólo un ámbito de comunicación, aunque también, es una oportunidad para la extensión cultural, los negocios... Y es también una forma de entender la vida, la sociedad, es un concepto de relación, de familia... Trabajar por la conservación y extensión del español debería convertirse en el primer objetivo de nuestra acción exterior. Pero también de la interior: no nos podemos permitir que el español avance en el mundo y retroceda en España, no debemos ceder en fragmentar nuestro espacio de comunicación aceptando que en los colegios no se enseñe en español o que nos abonemos a la ridiculez de convertir en idiomas a dialectos como el bable o a formas de hablar español como el andaluz.

España debe salir de su Brexit particular, que está consumiendo buena parte de sus energías (como le ocurre a Europa) y concentrarse en su proyecto de futuro, conectando con el futuro de Europa.

Yo, que he dedicado buena parte de mi vida política a la defensa de las libertades contra el terrorismo y de España ante el nacionalismo asisto con estupor a esa nueva versión del plan Ibarretxe que se está debatiendo en el País Vasco, la creación de una Nación Foral que consiste en una ampliación de la idea del Concierto Económico al resto de las relaciones entre el País Vasco y España, en clave de bilateralidad y, por supuesto, con el Derecho de autodeterminación (Derecho a decidir, dicen) colocado en el Estatuto. ¿No era lo mismo que lo que pretendía Ibarretxe con su Estado Libre asociado?


Pero es que ahora se pretende que esa sea el ejemplo porque el que pueda transitar el separatismo catalán, la vía Vasco a una nueva relación con el Estado, no con España, porque ya esa España ha muerto y las partes han vencido sobre el todo.

Por eso, debemos aprovechar el debate sobre el futuro de Europa para olvidarnos de nuestro Brexit particular, superarlo como si fuera una pesadilla y trabajar por un proyecto nacional conectado con Europa.

Una Europa que debe reforzar sus instituciones, que no nos ocurra lo que nos está pasando, que después del discurso de Macron en la Sorbona de finales de octubre del año pasado aún estamos a la espera de que Alemania defina su Gobierno y que los dos líderes europeos encaren las reformas pretendidas por el Presidente francés.

Los procesos electorales en los Países Bajos, Francia y Alemania, frenaron el asalto al poder de un populismo que, sin embargo, sigue vigente y en expansión, especialmente después de la formación del nuevo Gobierno de coalición austríaco. En España, el populismo sigue existiendo, un tanto debilitado ahora, aunque permanentemente al acecho de nuestros posibles errores.

Pero Europa tiene un problema básico, que es el institucional. Para ponerse en marcha precisa del liderazgo de dos países, Alemania, en especial, y Francia. De lo contrario no hay agenda europea.

Nos ocurre que las instituciones propiamente europeas existen, pero son algo parecido a gabinetes de técnicos que esperan instrucciones de los políticos. Por eso, el refuerzo político de unas instituciones propiamente europeas se convierte en una de las principales exigencias de la agenda reformista europea. No nos podemos permitir el lujo de esperar a que los procesos electorales de los países miembros despejen el horizonte político. La UE debería tener velocidad propia, una o dos, pero velocidad propia.

Pero, sobre todo, la UE debe preguntarse, ¿cómo se puede recuperar el apoyo de la ciudadanía sin que Europa deje de ser un escenario de países enfrentados, por ejemplo, Hungría y Polonia con su singular concepción de los Derechos civiles y la democracia? ¿Cómo podemos volver a la idea de Europa como solución si no se renuncia a la treta de culpar a Bruselas de todos los males? ¿Cómo puede avanzar la UE sin superar las divisiones internas que la debilitan? El Brexit y la fractura por la llamada crisis de los refugiados -pero también la imposición absoluta de la intergubernamentalidad como motor único del proyecto europeo- han impuesto una lógica desintegradora que amenaza la idea fundacional. Así lo reconoce el informe parlamentario de Guy Verhofstadt relativo a los posibles ajustes institucionales para la UE: “El método intergubernamental como bypass del método comunitario, tal y como lo definen los Tratados, no sólo conduce a un proceso político menos efectivo sino que contribuye a la falta de transparencia, a menos control democrático y menos rendición de cuentas.”

Profundizar en la idea de los Spitzenkandidaten y ampliarla a los futuros comisarios europeos contribuiría, además, a la democratización y la transparencia del proceso de designación del próximo ejecutivo comunitario.

La Comisión ha propuesto transformar el mecanismo de rescate en un Fondo Monetario Europeo y crear un presupuesto para la zona euro. Ideas ambiciosas cubiertas de interrogantes: ¿qué resistencia opondrán algunos estados miembros para dotar financieramente este fondo, qué capacidad de intervención tendrá o ante quién rendirá cuentas? La reforma de la zona euro, así como la finalización de la Unión Bancaria, no podrán ponerse en marcha al menos hasta mediados de 2018 a la espera de que Alemania tenga un Gobierno consolidado y una idea clara.

La eurozona necesita reformarse pero no solo para garantizar una mayor integración política sino también para contrarrestar el déficit democrático que ha supuesto la excepcional transferencia de poder económico, político y social, a la Comisión y al Eurogrupo sin ampliar, a su vez, la capacidad de control político del Parlamento Europeo sobre ellos.

“La Europa que protege” —el eslogan de Macron, adoptado después por el presidente de la Comisión Europea— debería superar la fase de la retórica para pasar a la acción. Una Europa estable, aunque injusta por su desigualdad, es una Europa débil. Y esta desigualdad, según la OCDE, “mina la desconfianza en las instituciones y alimenta la desigualdad política y social”., que está en el origen del voto populista.

Habría que establecer un nuevo pacto social, a nivel europeo y nacional, (como dice David Goodheart) entre los anywhere (los partidarios de la sociedad abierta, los que no temen a la globalización) y los somewhere (los que están perdiendo con la globalización, los que sienten temor ante ella). Un pacto que consista en tender a éstos últimos un puente educativo, de formación continua, de nuevas oportunidades... o de lo contrario, una red de protección.

La primera escenificación del compromiso europeo con el llamado Pilar Europeo de los Derechos Sociales quedó meramente en una declaración institucional no vinculante respecto a veinte grandes principios genéricos relativos a la igualdad de oportunidades, la protección social y las condiciones laborales. La Cumbre Social de Gotemburgo (a la que no asistió el Presidente del Gobierno español, por razón del desafío soberanista en Cataluña), celebrada en noviembre, sirvió como constatación de una idea fundamental: no habrá recuperación del respaldo perdido por parte de una población europea empobrecida si no se atacan las causas de este retroceso social.

Según datos de la Comisión, “el desempleo sigue afectando a 18,9 millones de personas (en España el 16%), la inversión sigue siendo demasiado baja y el crecimiento de los salarios es endeble”. La precarización social es una realidad alarmante.

El futuro presupuesto de la UE post-Brexit ya está en discusión . La salida del Reino Unido supone una pérdida de 9.000 millones de euros anuales para las arcas de Bruselas. La Comisión ya ha advertido que el presupuesto de la UE para 2014-2020, que asciende a un billón de euros, no es suficiente para financiar las crecientes ambiciones de la Unión. En paralelo, la UE abre también las negociaciones sobre las próximas perspectivas financieras para una Unión a veintisiete. Si bien el dilema es, de nuevo, la eterna disyuntiva de las discusiones presupuestarias (mayor aportación o recortes), el contexto resulta más relevante que nunca: una UE de 27 estados miembros, pérdida de las aportaciones británicas, desgaste social postcrisis, nuevas emergencias y necesidades políticas -fruto de las migraciones en el norte de África y el debate sobre la seguridad-, etc. Juncker cree que ha llegado el momento de abandonar el umbral del 1% del PIB que marca las aportaciones de los estados miembros. El presidente comunitario estrenó el año instando a los líderes europeos a establecer primero sus ambiciones políticas para la UE para luego discutir cómo financiar esos objetivos, en lugar de establecer un límite superior en el gasto y ajustar las prioridades a ese límite.

El debate presupuestario europeo ha sido, en los últimos años, un auténtico ejercicio de ecuación imposible. La UE se ha ido ampliando a nuevos estados miembros con un nivel de renta cada vez más inferior a la media comunitaria mientras los socios que los acogían iban recortando su aportación a las cuentas de donde debían salir los fondos que ayudarían a la modernización y al crecimiento de los nuevos compañeros de viaje.

El presupuesto comunitario debe ser el principal instrumento para fortalecer la democracia europea y recuperar la confianza ciudadana.

Los más de 2.200 migrantes (muchos de ellos con derechos, como refugiados) que murieron en 2017 intentando llegar a las costas europeas, la incapacidad de los estados miembros para cumplir con los compromisos de realojamiento de los refugiados que esperan en Grecia e Italia (poco más de 33.000 refugiados, de los 160.000 comprometidos por la Comisión, han sido realojados hasta hoy), el acuerdo con Turquía para propiciar las devoluciones y la dramática situación humanitaria en los campos y asentamientos convertidos en limbos legales sobre suelo europeo, todos estos hechos de- muestran que la Carta de Derechos Fundamentales no protege a todos por igual.

jueves, 8 de febrero de 2018

Intervención en la comparecencia del Ministro de Asuntos Exteriores, 7 de febrero de 2018



Quiero agradecer la presencia en esta Comisión del principal responsable de la política exterior del Gobierno. Una presencia que no se prodiga demasiado, sin embargo. Recordemos que en dos años y con mayoría absoluta, su predecesor, el Sr. García Margallo, había efectuado 25 comparecencias en el Congreso (además de las 9 que tuvo en el Senado). Las suyas se cuentan con los dedos de una mano en esta Comisión y eso que no tienen mayoría absoluta. Lo dejo para su reflexión y corrección posterior.

Ha empezado usted refiriéndose a la tensión producida como consecuencia del proceso soberanista promovido por los independentistas en Cataluña. Bien, por parte del Gobierno en cuanto a la acción diplomática con otros países en relación con un posible reconocimiento de la secesión. Mal, sin embargo, por parte de la línea de comunicación del Gobierno. En ese punto tenemos que darle, lamentablemente el suspenso. Lamentablemente, porque en esa mala imagen salimos todos mal, no sólo el Gobierno.

Por cierto, nosotros no pedimos perdón porque los cuerpos de seguridad actúen cuando es la ley lo que se vulnera.

En el informe anual de acción exterior que corresponde al año 2016 y que por lo tanto no es de su responsabilidad, pero que está aprobado por Consejo de Ministros de 26 de enero pasado, es decir por usted también, y en todo caso de un gobierno -este y el anterior- apoyado por el mismo partido, se dice que:

La política exterior española se asienta en un importante consenso en nuestra sociedad y entre las principales fuerzas políticas, lo que le otorga un grado apreciable de continuidad.

Lo cual, aplicado ya a 2016 es, como mínimo, algo bastante alejado de la realidad. ¿Dónde, en qué documento, en qué comparecencia parlamentaria, queda alojado ese consenso del que nos hablan? Ya en las elecciones del 20 de diciembre de 2015 y del 26 de junio de ese mismo 2016, el consenso y la continuidad que ustedes afirman, alojado en el bipartidismo, se había quebrado por la voluntad de los españoles. Faltaría entonces comprobar si estamos dispuestos a poner negro sobre blanco ese presunto acuerdo. Y los tiempos políticos con el nerviosismo que está demostrando el partido que apoya al Gobierno, no parecen los más propicios para eso. Creo, sinceramente que han perdido ustedes esta oportunidad, la del consenso.

Una oportunidad que es producto de su alejamiento respecto del Congreso. Dicen ustedes en su citado documento:

Las circunstancias internas (referidas a los meses de Gobierno en funciones) tampoco han afectado a la labor realizada por España en el marco del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en 2016.

Una “labor” que no ha sido auditada políticamente por el parlamento y que no dudaría en calificar de más bien pobre, en la que se ha mantenido el característico perfil bajo de la diplomacia española.

También se refieren en su documento a la “protección de los DDHH”. ¿Han previsto debatir en sede parlamentaria, la agenda de nuestra participación en el Consejo Internacional de DDHH de la ONU, en el que participamos desde este año 2018? Por cierto, ya en el segundo mes del año, ¿qué agenda están manteniendo ustedes?

Iberoamérica —siempre según su documento— forma parte de la identidad de España, y constituye necesariamente uno de los ejes de su política exterior en diferentes dimensiones: renovación del sistema de Cumbres Iberoamericanas; impulso de las relaciones UE-Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, apoyo a la integración regional y fortalecimiento de las relaciones bilaterales con los países de la región. Particular mención merece el apoyo español al proceso de paz en Colombia y la renovación de las relaciones UE-Cuba.

Gran cantidad de asuntos que se concentran en un solo párrafo. ¿Qué valoración hacen de las Cumbres Iberoamericanas? ¿les parecen útiles? Más aún, ¿les parecen útiles a los otros países que las integran? ¿no creen que sería preciso trabajar más en la potenciación conjunta, de igual a igual, del español, que debería ser el principal instrumento de nuestra acción exterior? ¿apoyará a nuestro idioma, dentro y fuera de España, para que no se pierda (caso de hablantes que lo abandonan en tercera generación, como Estados Unidos, o lo han perdido (como Filipinas o Marruecos)?

Y refiriéndome ya a los países americanos que motivaban nuestra preocupación y nuestra petición de comparecencia, Cuba. La visita de SSMM los Reyes a la isla se ha suspendido. Tengo que reconocerle que no nos gustaba demasiado ese viaje pocos meses antes de la salida de Raúl Castro del poder, o de una parte del poder. ¿Cuáles han sido las razones que han aconsejado esta suspensión? ¿para cuándo han previsto el viaje? ¿aprovecharán a que se presente alguna oportunidad si se presenta— de apertura en lo político y en lo económico en la isla? ¿con qué Cuba, Sr, Ministro, queremos “renovar” nuestras relaciones?

Existen una serie de condiciones que la Comunidad a Internacional debería poner al régimen cubano:

  • Que Cuba ratifique el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales.
  • Que se permita el acceso a Cuba de entidades independientes de análisis de DDHH.
  • Que se revisen las leyes penales para que cumplan los estándares internacionales, en especial los relativos a la libertad de opinión y de asociación.
  • Que se garantice la libertad sindical.
  • Que se ponga en libertad inmediata al preso de conciencia Enrique Cardet, líder del MCL
  • Que se establezca una agenda para la libre concurrencia de candidatos y partidos políticos a unas elecciones libres.

En lo que se refiere a Colombia, la percepción de que el acuerdo de paz alcanzado con las FARC supone el final de las violaciones de derechos humanos está muy lejos de la realidad. A pesar del acuerdo, Colombia vive desde agosto de 2016 un alarmante aumento de los ataques contra defensores de los DDHH, especialmente contra líderes comunitarios, activistas en favor del derecho a la tierra, y contra quienes hacen campaña por el proceso de paz y contra la impunidad, sobre todo en zonas rurales. Numerosos actores armados, incluidos el ELN, disidentes de las FARC, ejército y paramilitares, luchan por los territorios, y la población civil se encuentra desamparada.

El Punto Cinco del Acuerdo define las líneas sobre reparación integral a las víctimas y dice que las partes se comprometen a restablecer sus derechos y a transformar sus condiciones de vida. Por lo tanto, la investigación se ha centrado en identificar las carencias del Estado en el cumplimiento de sus obligaciones internacionales de proteger los derechos a la vida, a la integridad personal y a la seguridad de los Pueblos Indígenas y de las comunidades afrodescendientes, con el objetivo de avanzar con recomendaciones para la adopción de medidas concretas que garanticen una paz sostenida y duradera.

¿Qué está haciendo el Gobierno español para apoyar que la misión de observación de la ONU esté dotada de un componente de DDHH que complemente la función de la Oficina en Colombia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, cuyo papel de vigilancia y elaboración de informes debe reforzarse?

¿Está el Gobierno español trabajando con el gobierno colombiano para que adopte medidas más efectivas para garantizar la seguridad de los grupos y comunidades en especial situación de riesgo, como los pueblos indígenas y las comunidades afrodescendientes y campesinas, así como los defensores de DDHH?

El régimen dictatorial de Venezuela, que se encuentra tan ligado a Cuba que considera en ella su referente básica, vive un momento particularmente difícil. A la situación que analizábamos con usted en septiembre, caracterizada por la hambruna y la conculcación de los derechos políticos y sociales se le ha unido ahora el juego practicado por el régimen de descomponer la unidad de la oposición: hay partidos que se ilegalizan, hay una elección a celebrar antes del 1º de mayo para elegir un presidente sin que el proceso disponga de las garantías exigibles, hay unas conversaciones que descarrilan, hay una práctica de blanqueo (en España y en Europa) de los capitales robados por la boliburguesia venezolana, están las sanciones de la UE... ¿Qué opina España? ¿aceptará el Gobierno las presidenciales? ¿impulsará el Gobierno la investigación del blanqueo del dinero esquilmado a los venezolanos?

Y sigo con su documento. Dicen:

Hemos apoyado igualmente las iniciativas destinadas a reactivar el proceso de paz en Oriente Próximo...

Y le pregunto: ¿cómo ha ido la reunión con Mahmoud Abbas de hace escasamente dos semanas? ¿qué ideas tiene España para establecer esa reactivación del proceso, si las tiene?

Otro de los países de la región, y al que el MAEC está prestando singular importancia es Irán, al que usted visitará próximamente, ¿cuál es el objetivo de su viaje? ¿evocará usted la situación de los DDHH, sistemáticamente conculcados en ese país, como lo han hecho los dirigentes franceses?

En su documento se refieren a que,

... Con el Mediterráneo, y en particular con el Magreb, (nuestras relaciones) son esenciales, y continuamos trabajando intensamente por un diálogo fluido en la región.

La Comisión Europea y Marruecos han firmado un nuevo acuerdo de comercio el pasado día 31 de enero que afecta a productos procedentes del Sáhara Occidental contraviniendo así la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea del 21 de diciembre de 2016 que declaró que el mencionado territorio no forma parte de Marruecos y, por lo tanto, los representantes del Sáhara deben dar su consentimiento previo a cualquier negociación con la Unión Europea que afecte al mismo. El nuevo acuerdo cubre el trato preferencial de los productos de la pesca y la agricultura originados en el Sáhara Occidental.

¿Qué opinión tiene el Gobierno y qué tiene previsto hacer en la UE al respecto?

También nos encontramos aquí con un supuesto de visita de SSMM los Reyes que ha sido suspendida, en este caso por parte del Reino de Marruecos. Y le pregunto, ¿cuál ha sido la causa?, ¿cuándo se va a producir?, ¿cuál es el estado de nuestras relaciones con Marruecos?

África es también Guinea Ecuatorial, una dictadura que no atraviesa sus mejores momento. A la prisión preventiva del caricaturista Andrés Esono, se une el confuso golpe de Estado que se produjo a finales del pasado año y el posible asesinato, después de ser torturado, de Santiago Ebee Ela, que ya fue motivo de un comunicado del Gobierno, comunicado que hemos valorado de forma positiva.

Encarecemos al Gobierno alguna iniciativa en relación con Guinea Ecuatorial, su oposición democrática, sus activistas en favor de los DDHH (como Andrés Esono).

A la espera de su contestación, termino ya, la política exterior española no consiste en el nunca solos, nunca fuera... ni puede ser vicaria de ningún otro país (y no me refiero necesariamente a los EEUU). A veces tendremos que caminar en soledad, a veces tendremos abandonar el ámbito de lo gregario que nos es habitual. Y a veces tendremos que buscarnos otros socios.

Y recuperar la ambición de país, la exterior que es consecuencia de la ambición interior. Pero ninguna de ellas está presente en este Gobierno.

miércoles, 31 de enero de 2018

Europa como respuesta al desorden mundial



Artículo original publicado en El Siglo de Europa el día 31 de enero de 2018


  • Los populismos son al siglo XXI lo que los nacionalismos fueron al XIX o XX. Lo único que cambia es el pretendido ejército de las víctimas”
  • El soft power de la Unión debería convertirse en la verdadera punta de lanza de un liderazgo global basado en los valores”


Cuentan sus biógrafos que cuando los amigos del cantante y poeta canadiense Leonard Cohen le contaron, emocionados, que acababa de caer el Muro de Berlín y que finalmente ese signo de la división que separaba el mundo libre del oprimido no sería por más tiempo un obstáculo para que las gentes de uno y otro lado, y otras del espacio en el que la decrépita Unión Soviética ejercía su tutela, vivieran en libertad, el autor de Suzanne los observó poco menos que espantado, para después encerrarse en su despacho y escribir la letra de una canción que llevaría por título The Future y cuyo estribillo aseguraba,

“He visto el futuro, hermano,
Es un asesinato”.

La caída del Muro era principalmente el final de muchas de las convenciones que la Segunda Guerra Mundial nos había dejado: la paz. La libertad y el crecimiento a un lado del Muro; la opresión y la pobreza, del otro, pero todos vivíamos un mundo de certezas como producto de la estabilidad que nos proporcionaba ese escenario.

Nos acercamos al trigésimo aniversario de la caída del Muro y el desastre es ya irremediable. Al conflicto Este-Oeste le van sucediendo los innumerables pequeños-grandes conflictos que, sumados unos a otros, producen una atmósfera poco menos que irrespirable. Y algunos de ellos además traen su causa de circunstancias que no tienen mucho que ver con los dos bloques antaño enfrentados, pero cuyas consecuencias arrojan a cientos de miles de seres humanos a nuestras costas, como es el caso del cambio climático.

Algunas otras de las crisis con las que convivimos sí traen su causa de conflictos políticos, como la llamada Primavera Árabe, que acabaría como el rosario de la aurora en muchos de esos países, dejando un rastro de amargura y desazón, después de elevar al poder al radicalismo religioso, como ocurrió en Egipto; la guerra civil en Siria, escenario de una confrontación más amplia entre diferentes potencias, con el balance provisional de unos 400.000 muertos y de 1.500.000 de heridos, además de oleadas de refugiados; el enquistamiento político en el interior de los dos grandes rivales en el Magreb –Argelia y Marruecos– y el régimen de libertades –aún no consolidadas– en Túnez como único resultado positivo en términos democráticos de un proceso respecto del cual un día abrigamos grandes expectativas.

La caída del Muro nos condujo a una descomposición del antiguo imperio soviético y, con él, la llamada a las puertas del proyecto europeo y de la OTAN a los países que salían del abrazo del oso y pedían democracia, seguridad y desarrollo económico. Algunos de ellos aceptarían las reglas del juego impuestas por el Club, incluida el respeto a los derechos humanos, otros –como Hungría– simplemente han preferido mirar hacia otro lado. Ucrania se encuentra dividida por el efecto de la agresión permanente y desintegrada por la anexión de Crimea. Y Rusia ha perfeccionado además su sistema de agresión propagandística haciéndose fuerte en las redes sociales y contaminando de elementos disolventes los proyectos que determinan la unidad y la fortaleza de los proyectos nacionales en Europa –Cataluña– y en otras partes del mundo (apoyo del populismo de Trump como lo venía haciendo con el de Le Pen o Farage).

Y no será la caída del Muro, pero sí nuestra propia crisis, la del capitalismo desregulado de Lehman Brothers y la que proviene de la globalización la que produjo el severo retraimiento de la economía en algunos países del sur de Europa y el nacimiento de los populismos a uno y otro lado del Atlántico.

Los populismos son al siglo XXI lo que los nacionalismos lo fueron para el XIX o el XX. Lo único que cambia es el pretendido ejército de las víctimas (por eso se llevan tan bien entre ellos). Los presuntos afectados de antaño lo eran de los Estados opresores; los de hoy lo son de la globalización y de la crisis que provocara en las personas cuya cualificación quedaba malparada por la competencia. Y las dos son las malas respuestas, porque conducen al proteccionismo y a la introversión, cuando no al desmembramiento de los Estados y a la división irreparable de sus conciudadanos.

La globalización es un fenómeno imparable, con el que debemos convivir y, más aún, aprovechar las oportunidades que conlleva. La predisposición al cambio, desvinculada de los miedos que nos inmovilizan; la adquisición de destrezas, la formación continua... son las respuestas adecuadas, las que nos hacen fuertes y nos permitan encarar esta batalla con posibilidades de vencer.

La proliferación de las armas nucleares, y su difícilmente evitable caída en manos no adecuadas, se nos está viniendo encima con proporciones inusitadas aunque en apariencia –sólo en apariencia– no nos afecte demasiado. El conflicto entre Estados Unidos y Corea del Norte es un rescoldo no resuelto del conflicto Este-Oeste que reaparece con un potencial destructivo difícil de prever.

Y si los problemas son tantos y tan complejos las soluciones son difíciles y de eficacia distante en el tiempo.

Y si bien el escenario actual es de una devastación general, en la que a la pérdida de vidas humanas se le suman los desplazamientos de millones de personas, la intransigencia religiosa, el terrorismo yihadista, las falsas respuestas del populismo que encandilan a las sociedades atemorizadas y tantos otros, lo cierto es que no hay un espacio para el acuerdo internacional y los que existen evidencian su debilidad (la lucha contra el cambio climático, por ejemplo) o su segmentación e inoperancia (G-20). Las Naciones Unidas permanecen encapsuladas en una especie de referencia testimonial, pero su adaptación y conversión en una instancia global que propicie la adopción de acuerdos internacionales y que sirva para encauzar las crisis del presente y del futuro (los desplazados, las armas nucleares, los derechos humanos...) parece poco menos que impracticable.

Por eso el proyecto europeo, verdadero faro de las libertades individuales y del Estado del Bienestar, adquiere en este desorden una oportunidad y una relevancia indudables. El soft power (por ahora blando, pero con posibilidades reales de fortalecerse en el futuro) de la Unión debería convertirse en la verdadera punta de lanza de un liderazgo global basado en los valores. Su extensión a los espacios asiáticos desde el libre comercio y el respeto a las buenas prácticas democráticas tiene la exigencia ineludible de expandirse por el lado atlántico a la América Latina, con la que compartimos los españoles una lengua que hablamos más de 550 millones de personas en el mundo. La política –y la vida– operan desde el horror vacui y si el líder mundial ha decidido retirarse del campo de juego otros jugadores tendrán que ocupar su papel.

En esa Europa que bien pudiera contribuir a crear un nuevo orden internacional desde el caos –o el desorden– España debería tener un papel esencial, situada como se encuentra en el vértice entre Europa y el norte de África y con su natural proyección latinoamericana. Aunque para ello deberíamos ser capaces de construir un proyecto nacional, un relato sugestivo de país que nos permita aportar a esa refundada Europa nuestra propia forma de entender el futuro. Una España que no se diluya en Europa, por lo tanto.

Pero esa es materia para otro artículo.

viernes, 3 de noviembre de 2017

Cuba: Una modernización inexistente


Publicado originalmente en "The Diplomat in Spain" el 3 de noviembre de 2017

En el cruce de caminos de los intereses comerciales y los derechos humanos, que constituye siempre una situación recurrente de la diplomacia, el Acuerdo Político y de Cooperación entre la UE y Cuba ha aterrizado de manera no por menos anunciada menos sorprendente. Después de casi 21 años manteniendo la llamada “Posición Común”, defendida por el ex-Presidente José María Aznar, los estados de Europa han modificado su estrategia respecto de Cuba.

Desde el 17 de diciembre de 2014, cuando el presidente estadounidense y el cubano, Raúl Castro, anunciaron la normalización de las relaciones entre sus países, se ha producido una verdadera carrera de diferentes líderes por tomar posiciones económicas y comerciales en la isla caribeña. Entre ellos, el presidente francés, François Hollande; pero también los de Panamá, Serbia, Vietnam, Colombia, Namibia y otros. Por parte del gobierno español lo hicieron, en mayo del pasado año, los ministros Pastor y Margallo y, más recientemente el responsable de Exteriores, Alfonso Dastis.

¿Se corresponde esta carrera con una apertura real de Cuba en los planos político y económico? La Alta Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad (la “Ministra de Exteriores de la UE”), Federica Mogherini, ha afirmado respecto del acuerdo que con éste se “apoya el proceso de modernización económica y social de Cuba”.

Se trata de una declaración que podría en todo caso considerarse como un desideratum, una ingenua fe en las buenas intenciones del régimen de su actual dirigente, Raúl Castro. El Observatorio Cubano de Derechos Humanos ha denunciado que durante el pasado mes de septiembre se produjeron 193 detenciones arbitrarias. Son arrestos, por lo general, que duran menos de 24 horas, pero que constituyen un permanente acoso para los afectados y la consiguiente inquietud en sus familias. El OCDH ha denunciado también la campaña represiva que el gobierno está realizando en contra de periodistas, realizadores y colaboradores de diversos proyectos audiovisuales y medios de comunicación independientes en Cuba. Algunos de ellos han sido detenidos de manera arbitraria y otros amenazados por cubrir la difícil situación de la población tras el paso del huracán Irma. Una represión que es continua, a lo largo del presente año 2017, se han producido 3.787 arrestos en Cuba.

En el plano de la liberalización de la economía, el proyecto de apertura (en el caso de que alguna vez lo hubiera) se ha detenido. Y el partido único, el PC, se vería obligado a reconocerlo en abril de 2016. Como resultado de esta autocrítica se han restablecido controles de precios a la actividad privada, incluyendo a la agricultura y al transporte. El cuentapropismo (sector de la economía privada, la que trabaja por su cuenta)  no vive su mejor momento, Si bien no existen datos estadísticos fiables, la también recurrente acción policial y de La Oficina Nacional de la Administración Tributaria y la Contraloría General de la República, certifican la importancia de las medidas adoptadas por el partido. Sólo en un mes (octubre de 2016), el ayuntamiento de La Habana formuló advertencias a 129 de los 135 titulares de restaurantes privados inscritos en la capital. Las razones para hacerlo iban desde “el consumo y la expedición de drogas en sus locales, hasta el blanqueo de dinero”. Se derivaría de esa advertencia la suspensión del otorgamiento de nuevas licencias a nivel nacional.

Parece evidente, en consecuencia, que el proceso de modernización económica y social (y política, añadiría yo) de Cuba de que hablaba Mogherini no es tal.

Sobran los motivos para justificar la negativa de Ciudadanos a ratificar este Acuerdo.



jueves, 26 de octubre de 2017

Intervención sobre Guinea Ecuatorial en la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso


Intervención sobre Guinea Ecuatorial en la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso


25 de octubre de 2017. Sobre las relaciones con la República de Guinea Ecuatorial

miércoles, 25 de octubre de 2017

Intervención sobre Cuba en sesión plenaria del Congreso: "no entendemos que el Gobierno de Cuba esté abandonando la política represiva, sino todo lo contrario"


Madrid, Congreso de los Diputados, 24 de octubre de 2017

"Me gustaría empezar mi intervención con un recuerdo.

Un recuerdo a las Damas de Blanco, acosadas cuando no arrestadas todos los domingos en La Habana; a mi amiga Joani Sánchez, valerosa periodista a quien se le dificulta permanentemente su trabajo de informar y de opinar; a mi amigo Regis Iglesias, exilado político; a mi amigo Dagoberto Valdés, líder de la sociedad civil; a mi amigo Elizardo Sánchez, presidente de la Comisión Cubana de DDHH y Reconciliación; a mi amigo José Daniel Ferrer, presidente de la Unión Patriótica Cubana; un recuerdo, emocionado, a Oswaldo Payá, premio Sajarov del PE y líder del MCL, presuntamente asesinado por el régimen castrista que no ha sido sino la historia de la opresión contra todo un pueblo durante casi 60 años.

Y un recuerdo a Eduardo Cardet, este sí, preso político, que cumple pena de prisión por afirmar que Fidel Castro había sido rechazado por el pueblo cubano.

Como todos ustedes saben nuestro grupo parlamentario y nuestro partido están a favor del libre comercio. Pero están también a favor de los DDHH y del estado de derecho, dos conceptos (libre comercio y DDHH) que deberían ir siempre de la mano, porque un estado de derecho que ampara y garantiza los DDHH es el mejor amparo y garantía del comercio.

Y los DDHH no han avanzado un ápice en la isla de Cuba.

3.787 detenciones documentadas por la OCDH, a lo largo de este año. 3.787 losas que pesan sobre un régimen incapaz de cambiar, de abrirse, de aceptar que el disidente no es un delincuente sino un ciudadano.

Por eso, y de acuerdo con lo que defendió en su día la delegación de Ciudadanos en el Parlamento Europeo, nuestro grupo se va abstener en esta votación. Porque no entendemos que el Gobierno de Cuba esté abandonando la política represiva, sino todo lo contrario. Y, debo decir también, que no es tampoco un país abierto a la economía privada, a la competencia, a la libertad de mercado.

Porque lo que ha afirmado la Alta Representante, Federica Mogherini, que con este acuerdo "se apoya el proceso de modernización económica y social de Cuba" no pasa de ser un desiderátum, una posibilidad que no está confirmada por la realidad.

Porque la realidad nos dice cosas muy distintas.

Porque en Cuba, las libertades económicas, junto con las libertades civiles y los DDHH están siendo permanentemente conculcadas.

Sirvan estas palabras para marcar una posición de distancia, de crítica, a un acuerdo que nos parece que no ha reparado lo suficiente en la dictadura económica y política que es Cuba,

Muchas gracias."
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