sábado, 28 de noviembre de 2015

8. Observadores electorales

El chirriar de los grillos
Crónica de un viaje a Venezuela en 15 entregas
Noviembre de 2015



Nuestra visita al nuncio de Su Santidad es la única que se produce fuera de nuestros dos cuarteles generales: el hotel Pestana y la resistencia de la embajadora de la UE, con excepción de la residencia del embajador de España en la que discurría nuestra primera cena.

En esta ocasión se trata de celebrar una reunión con asociaciones de observación electoral.

La primera persona en intervenir es el Dr. Mújica, de la Red de Observación Electoral de la Asamblea de Educación. Sus cálculos están basados en una muestra impuesta por el CEN (Consejo Nacional Electoral) y que se sitúa en torno a un 5% de los votos.

Su pretensión era situar más observadores donde haya más número de votantes.

Su cometido consiste en observación de calle y del proceso electoral en general, es decir, una observación técnica. Ellos son los únicos observadores.

En general, tienen confianza en que los procedimientos técnicos funcionan. Existe —dicen— una leyenda urbana (y rural, añade otro de los comparecientes) de que se amenaza a quienes voten en contra del gobierno con negarles el acceso a la compra de los productos básicos.

La legislación electoral —explican— es muy laxa en relación con actos, como inauguraciones. Ellos están reconocidos, pero carecen de ayuda económica. Es más, sufren restricciones, del mismo modo que sus acompañantes. No pueden hacer declaraciones (aunque a veces las hagan).

Como el gobierno no admite observadores internacionales, justifica el control electoral con ellos. Consideran que existe del orden de un 1-2% de distorsión de voto. Eso bastaría para cambiar el resultado en algunas mesas trascendentales. El cambio se produce a última hora de la votación, cuando abandonan el recinto los electores.



Manifiestan que no se respeta la privacidad. Para Ignacio Ávalos, director de Observatorio Electoral Venezolano, la oposición sería corresponsable con las fuerzas políticas que se oponen al gobierno al cuestionar la veracidad del voto en las elecciones. Llegaron al punto de no presentarse en 2005 a las elecciones.

No existen problemas técnicos —continúa Ávalos. Los problemas para la democracia venezolana están en el ecosistema electoral, en todo lo que ocurre antes de votar. Como, por ejemplo, la modificación de los distritos electorales al antojo del gobierno (gerrymandering), la inhabilitación de candidatos, etc.

La CEN ha renunciado, dice, a ofrecer confianza a los votantes en el resultado del proceso electoral.
La revolución no se pierde por unas elecciones. Esa sería, según él, la opinión del gobierno ante el proceso electoral del 6D.

Cena en la residencia de la embajadora de la UE

Las declaraciones de Diosdado Cabello, descalificándonos y negándose a recibirnos, suponen que la cena prevista con el Polo Patriótico —a la que asistirán algunos diputados de los partidos que apoyan al gobierno— no se va a celebrar. Como alternativa, la siempre eficaz embajadora de la UE, ha previsto que nos veamos con dos interesantes interlocutores: un componente de la OEA y el colaborador de un think-tank, un británico.

En la casa de Aude-Maio, abierta a un cuidado y frondoso jardín, los grillos emiten su sonido característico con una fuerza inusitada. Deben tener un tamaño considerable, a juzgar por el volumen de sus voces.

A la cena asistimos Ramón Jáuregui y yo y el asistente de AFET Nereo Peñalver. Gabriel Mato y Juan Salafranca acuden a una invitación ofrecida por el Centro Gallego.

Nuestros comensales nos describen la situación política, social y económica de Venezuela. Un país rico al borde del colapso. Las autoridades del país han procurado siempre cumplir con el servicio de su deuda, pero ahora carecen casi de recursos para hacerlo; la inflación ronda el 200%; las clases medias están prácticamente desaparecidas; los casos de inseguridad —asesinatos, secuestros, robos, etc— son tan numerosos que apenas ninguna familia resulta ajena a ellos. Junto a esto, una situación política dificilísima: el gobierno no es capaz de articular una política económica que saque al país de la crisis en que se encuentra y una oposición tan heterogénea que ha reducido su discurso a ser una alternativa al mal gobierno, apenas más que el voto a la contra.

La oposición —afirman— suscribe una tesis que habla de retorno del viejo sistema político que fuera clausurado por el chavismo. Pero el chavismo ocurrió por alguna razón —continúan—, no fue el producto de un delirio pasajero, sino del afán del pueblo por conseguir un cierto nivel de igualdad, y la oposición, sus componentes, procede de aquella vieja guardia de la vieja política venezolana.
En cuanto al gobierno, Maduro es incapaz de dirigir ningún proceso y consideran que podría ser reemplazado en cualquier momento, aunque nadie sabría si existe algún líder escondido que pudiera llevar al país a una transición democrática.

El ejército está también dividido entre quienes perciben ingresos procedentes del narcotráfico o de los controles de cambios y el común de la tropa y los grados intermedios que en absoluto estarían dispuestos a utilizar sus armas contra el pueblo.

¿Respetará el chavismo el resultado de las elecciones si le son adversas? preguntamos. Y esa pregunta no tiene una respuesta precisa, según nuestros interlocutores. Pero, si hubiera alguna, esta no es optimista.

(PRÓXIMA ENTREGA: 9. La Oposición)

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